31 marzo 2009

La destilería de Amy


No se sabe si esta chica al final se morirá -yo prefiero que no; antes Zapatero, Sarkozy, el papa o la zorraputa de mi vecina-, y si la prensa, en tal caso, hará de ella un nuevo icono pop -el último fue Kurt Cobain, me parece-. Sea como fuere, esta persona, que se lo bebe todo, parece que no está en mucha disposición de dar de beber. Gracias a que aquí luce como se la ve para una campaña contra el cáncer de mama, tomamos conciencia de su frágil desnudez.
¡Suerte! Da toda la impresión de que
va a necesitarla.

18 marzo 2009

Nouvelle cuisine


Tuvo que ser en ese sagrado santuario al que el peregrino acude -no puedo evitar pensar en el romero Camps pidiendo que resplandezca la justicia- buscando respuesta a sus preguntas y a sus cuitas consuelo, y no ya en lo doméstico, sino, también, en lo existencial, donde había de toparse servidor con una nueva manifestación de estupidez humana (muy posiblemente la mía).


Ha tenido que ser, hace unos días, en el IKEA donde he descubierto, al cabo de los años, en qué consistía el sabroso antipasto que nos ponían en aquel restaurante con ínfulas que tanto le gustaba y al que acudíamos todos los viernes por la noche antes de que todo acabara saltando por los aires. Lo llamaban -traduzco- Condensado de cangrejo sobre meseta sueca de centeno al rosmarino. Y no lo regalaban.

Pues atención: por 4 euros puedes conseguir en la Tienda Sueca de IKEA condensados y mesetas para llenar cinco estómagos. ¡Valientes gilipollas! Al menos, con total seguridad, nosotros.


17 marzo 2009

En el hammam

Hafida no tiene muchas amigas. Es desconfiada, egoísta, cizañera. Cuando el viernes se acerca al hammam, no habla casi con nadie, pero su mirada, que lo atraviesa todo y parece capaz de cualquier cosa, sobrevuela por encima de la grasa y el óxido. Parece muy segura de sí misma y no estar para gilipolleces. Así que no va a meterse en el agua con un kaftán como tantas otras. Hafida, eso sí, tiene un buen par de tetas.
 

13 marzo 2009

Lo dice Amèlie Nothomb

Si lo dijera yo, cuando mañana fuera a comprar mi cargamento semanal de cervezas belgas de abadía, lo mismo sufría algún accidente camino del supermercado. Pero no lo digo yo, lo dice Amélie Nothomb, escritora prolífica experta en identidades, en el País Semanal del domingo pasado: La gente cree que los belgas somos afables, amables, buena gente. Pero si te acercas, encuentras a Marc Dutroux... y a otros tantos monstruos. Muchos fingen ser buenos y dan miedo, están llenos de secretos sucios. Lo creo y lo sé.