18 marzo 2009

Nouvelle cuisine


Tuvo que ser en ese sagrado santuario al que el peregrino acude -no puedo evitar pensar en el romero Camps pidiendo que resplandezca la justicia- buscando respuesta a sus preguntas y a sus cuitas consuelo, y no ya en lo doméstico, sino, también, en lo existencial, donde había de toparse servidor con una nueva manifestación de estupidez humana (muy posiblemente la mía).


Ha tenido que ser, hace unos días, en el IKEA donde he descubierto, al cabo de los años, en qué consistía el sabroso antipasto que nos ponían en aquel restaurante con ínfulas que tanto le gustaba y al que acudíamos todos los viernes por la noche antes de que todo acabara saltando por los aires. Lo llamaban -traduzco- Condensado de cangrejo sobre meseta sueca de centeno al rosmarino. Y no lo regalaban.

Pues atención: por 4 euros puedes conseguir en la Tienda Sueca de IKEA condensados y mesetas para llenar cinco estómagos. ¡Valientes gilipollas! Al menos, con total seguridad, nosotros.


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