07 abril 2009

Bye bye Molina


Mil gracias, presidente. Hoy, hay que reconocérselo, me ha dado su ilustrísima una alegría de las que no se olvidan.

Gracias, a pesar de que la mayor parte de las nuevas incorporaciones a su equipo de gobierno me guste menos -parece imposible, pero es así- que los ministros que acaba usted de defenestrar.

Mi gratitud, sin ánimo de lucro, porque, aun poniendo en nuestro horizonte un rabioso adversario al que batir, nos libra su eminencia, digno nieto de republicano, de una de las figuras más ineficaces, petulantes e insultantes de la historia reciente de España. Ya veremos cómo haremos para defendernos de la invivible pesadilla de la que alerta Enrique Dans, esa enemiga del conocimiento libre, rica heredera de toda una academia de cine para ella sola, que pone usted en nuestro camino. Pero eso será mañana. Disfrutemos ahora del momento. Carpe diem et noctem.

Mi más sincero agradecimiento, en suma, por librarnos -¿será, finalmente, verdad?- de Cesar Antonio Molina. Rosa Regás, servidor y miles de personas nos vamos a ir a dormir hoy estándole eternamente agradecidos.

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