21 noviembre 2011

Un objeto inanimado llamado Zapatero

I Pity Inanimate Objects by Godley and Creme on Grooveshark

I pity inanimate objects, because they can't move.
From specks of dust to paperweights or a pound note sealed in resin.
Plastic Santas in perpetual underwater snowstorms.
Sculptures that appear to be moving, but aren't.
I feel sorry for them all.
"I pity inanimate objects", Godley and Creme (1979)

Ahí sentado, como una escultura que parece moverse, siento, para mi sorpresa, una profunda lástima por él. Qué difícil imaginar ahora que por las venas del joven leguleyo corrió una vez sangre caliente, cuando hoy, atrapado entre la mirada de Duchamp y su propia anodinia, no aspira sino a la revolución de los objetos. ¿Qué piensa cuando llega a un lugar? ¿Se siente frustrado al irse? ¿Suspiran acaso decepcionados esos ojos vidriosos?

Pervive aún en la retina su figura carismática elevándose sobre un charco de sangre dispuesta a defender las nobles causas como el Pantocrátor de una izquierda difusa. Aspirante a entrada de la Enciclopedia de la Historia Universal por la vía rápida, rescató a las tropas del infierno iraquí y tendió la mano a homosexuales, a mujeres sometidas, a ancianos, a inmigrantes e incluso a terroristas de buena voluntad. Cualquier desfavorecido tenía un sitio en el arca de la Alianza de las Civilizaciones nacida de su inspiración excepcional. Y por si no cabían todos, prometió 8.000 viviendas cada año, así como una enseñanza posmoderna y bilingüe como punto de arranque para el entendimiento universal. Con alguna excepción -Bush, la Santa Madre Iglesia, el PP y la Asociación de Víctimas del Terrorismo-, todo el mundo parecía hallar un poco de esperanza en aquel iluminado nieto de republicano sublevado y muerto que se había esforzado en librarse de la mili a base de prórrogas de estudio. En una nación de políticos penosos, o peor, todos suspensos, solo él se movía en el aprobado. Quizás por eso, por subirle nota y lograr su reelección, fue por lo que nació la P.A.Z. con el apoyo de Serrat, Almodóvar, Sabina, Víctor Manuel y su señora, Miguel Ríos, Concha Velasco, Núria Espert... y hasta Barenboim, Saramago, Carlos Fuentes y Ángel Gabilondo. Los de la ceja. Sin embargo, precisamente, sería esta adscripción ciliar la que marcaría el final de sus años dorados.

Reelegido en 2008, una crisis galopante y profundísima, que solo admitió a toro pasado, trazó el bucle fatídico por el que ZP habría de precipitarse hasta su actual condición vegetativa. Ante las consecuencias devastadoras del ladrillazo, los desempleados en plena explosión demográfica y el consumo y el PIB en caída libre, las tibias e inútiles medidas que adoptó no hicieron sino masacrar a aquellos desfavorecidos que había querido galvanizar, dando al traste con su vocación mesiánica. No sólo banqueros, empresarios y nacionalistas, sino también sindicatos, viejos amigos y una izquierda perpleja ante su inconsistencia ideológica, terminaron sumándose al deseo de exterminio de su enemigo declarado. No pasaba un día que no fuera zaherido en la plaza pública. Sampedro lo acusa. Cebrián lo deslegitima. Gabilondo lo afea. Reverte lo despelleja. El despropósito fue tan dramático que toda la sociedad, abandonada a su suerte entre cheques bebé, ministras preñadas y cruentos e injustos sacrificios, terminó dándole la espalda, mientras él, caballo en cacharrería, perdido en automatismos gestuales e impostaciones discursivas, sufría y languidecía en un rincón de su cerebro.

Incluso más allá de las fronteras españolas, donde por un tiempo, amparado en el filtro que impone la distancia, fue patrón de esperanza para progresistas e intelectuales, José Luis I el Monolingüe fue cayendo en desgracia. Lo vemos en Italia, en donde la expresión alla Zapatero, sinónimo de "buen gobierno", ha caído en desuso. Tampoco el documental de Sabina Guzzanti Viva Zapatero!, titulado así para poner de relieve la escasa libertad de expresión de los italianos aunque nada tuviera que ver con ZP, resulta hoy imaginable. Así, en el referéndum de junio pasado, la ocurrencia del movimiento derechista Popolo di Roma de asociar en sus carteles a Zapatero con el "izquierdista" Zingaretti, en tanto que representantes de la política alla Zapatero a erradicar, resultó nefasta. El PDR ignoraba que donde ZP, convertido ya en cenizo interestelar, posaba la mirada, no crecía la hierba. Ni qué decir que el resultado fue un descalabro para la derecha que culminó hace unos días con la dimisión de Berlusconi.

En su imparable deambular hacia la extinción, incluso sus compañeros fueron abandonándole. Desde las purgas iniciales de viejos camaradas de partido a su inoperante proceder en la tempestad de los mercados, pasando por la creación de cargos pintorescos, su mundo afín devino un sálvese quien pueda en el que sus más allegados empezaron a esconderlo en un intento de reducir la magnitud de un fracaso mayor que hoy sabemos inmenso.

Su apostolado, en suma, ha marcado la senda que ha conducido al socialismo español al coma histórico, a España a la ruina y a él mismo a la cosificación y al abandono. Sin embargo, viéndolo ahí, ahogado en la tristeza, convertido en un ente inanimado a punto de extinguirse, recuerdo I pity inanimate objects, la canción de Godley and Creme, y querría preguntarle si acaso cree que el oro de Fort Knox es un oro feliz o si hay otra opción para el azúcar que una taza de café o una de té. Me gustaría decirle, en fin, que comprendo las frustraciones de ser inanimado, y que la física es injusta, pero ya no me escucha. Animales, plantas, hongos, moneras y protistas, nadie quiere acercársele. Solo yo parezco sentir lástima por él.


Peppercorns don't move
until they contaminate the ice-cream
three weeks later.
Is the gold in Fort Knox happy gold?
I care about these things.
  

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