24 febrero 2011

Gaddafi y sus amigos




El coronel no tiene quien le escriba. Y parece no haber vuelta atrás. De nada le han servido sus importantes y renombradas amistades. Amistades ancladas, o al menos eso parecía, en fuertes lazos de cercanía y afecto, de esos que sólo el tiempo es capaz de forjar. A día de hoy, sus amigos le están abandonando. Se le van los ministros. Y es que ya se sabe: el peor testigo, el que fue tu amigo.

En qué quedaron, estará preguntándose en su laberinto el pobre beduino, tantos buenos momentos compartidos con amigos. Su esfuerzo por ganárselos. Su afán por agradarles. De qué ha servido su escenografía impresionante de jaimas, espectaculares modelazos, chutes de bótox, lupas macarras y exóticas guardaespaldas armadas hasta los dientes y siempre disponibles por si el calor aprieta o arrecia el frío.

Pobre Gaddafi y pobres también, no obstante, esos amigos que a buen seguro se sentirán decepcionados porque, de alguna manera, el
Líder de la Revolución les ha fallado. Colegas que, en pleno trance de asimilar el duro revés, no dejan de preguntarse cómo no supieron ver, aun a pesar de los fantásticos servicios de inteligencia con que cuentan, la clase de persona que tenían por amigo. Y es que lo que aquí se pinta, en su expresión más simple, no es otra cosa que un desconsolador paisaje de amistades rotas del que, por lo trascendente de las personas implicadas, queremos dejar constancia y que conviene no olvidar.
Gaddafi
siempre supo mostrarse muy versátil en el modo de relacionarse con su mundo cercano de paisanos beduinos, socialistas sui generis, musulmanes y árabes, haciendo caso omiso de farragosas cuestiones morales, religiosas o ideológicas cuando fue necesario. En él siempre se podía encontrar un apretón de manos, un apoyo, un guiño... de camarada, de socio, de colega, aunque ahora la misma Liga Árabe, cuya presidencia detenta Libia este año, haya decidido impedirle participar en sus reuniones.

Con Zide el Abidine Ben-Ali, compartiendo intereses y experiencias como represores de insurrecciones y amasadores de fortuna.

Luciendo camisa africanista con Meles Zenawi, guerillero marxista y expresidente liberal de Etiopía, y Abdelaziz Bouteflika, malversador de fondos, político todo terreno y hoy presidente de Argelia.

Reluciente y omnímodo, en su versión drag queen, al lado del supermillonario Mubarak, también abandonado por sus amistades.

Posando, carismático, con Bouteflika, Mahmoud el-Abbas, fundador de Al-Fatah y presidente ilegítimo de la ANP desde 2009, y el teniente general al-Bashir, presidente de Sudán y dictador islamista acusado de crímenes de guerra en la región de Darfur.

Gaddafi escucha a Bashar Al Assad, oftalmólogo devenido militar de carrera fulgurante y heredero de la presidencia de Siria, considerado por los EE.UU. y la UE un valor democrático, aunque la procesión vaya por dentro (de Siria).

Por su carisma como líder y por su talante democrático y abierto, Gaddafi fue igualmente reconocido por sus condescendientes vecinos del norte, que vieron en él un puente con el mundo musulmán y supieron perdonarle sus coqueteos con el terrorismo de estado. Sin embargo, ahora, en estos días de convulsión que azotan al Maghreb, la UE ha decidido, todavía con reticencias, imponer sanciones a Libia y suspender cualquier negociación bilateral, al tiempo que Catherine Ashton pide a los libios contención.

Saludando a Durao Barroso, joven maoísta que se hizo de derechas para terminar dirigiendo la Comisión Europea y hacer de maestro de ceremonias en la Cumbre de las Azores.

Berlusconi y Gaddafi han mantenido una estrechísima relación a lo largo de los años repleta de momentos felices y fructíferos. En 2.008, además, Italia y Libia firman un Tratado de Amistad. Anteayer por la tarde, ambos hablaron por teléfono y Berlusconi pidió a su amigo el cese inmediato de la violencia. No sirvió de mucho.

Blair y Gaddafi simbolizando en su apretón de manos la importancia del perdón y la amnesia: Lockerbie nunca existió. Aunque Mustapha Abdeljalil, exministro de justicia de Libia, insiste en que Gaddafi dio personalmente la orden de llevar a cabo el atentado.

Gratos momentos. Ir de la mano de Sarkozy es como tocar a Carla Bruni: sólo para elegidos.

Sellando su amistad en un cálido saludo. Chirac pone la grandeur, Gaddafi su elegancia natural.

Mirando con admiración a Putin, el político con mano de hierro que asusta a los periodistas. Ambos junto con Berlusconi formaron una terna de compadres que se entendía sólo con mirarse.

El socialista portugués Jose Socrates es recibido con un abrazo en la sencilla jaima.

En España también se supo ver lo bueno de Gaddafi y se le perdonaron sus pequeños deslices y sus tics a la hora de gobernar en su largo mandato de 42 años. A fin de cuentas, la Alianza de Civilizaciones es eso, y nuestros políticos le han obsequiado con su apoyo y reconocimiento, compartiendo con él no pocos momentos agradables. Hoy, sin embargo, el gobierno ha decidido suspender la venta de armas a Libia.

Entrañable charla entre dos hombres de talante. Zapatero es feliz. Su cara refleja la consecución de un sueño: mi Alianza de Civilizaciones está por encima de todo.

De tertulia con Berlusconi, otro amigo de sus amigos y el hombre más rico de Italia, y Moratinos, el hipersensible ministro de Zp. Obsérvense los kleenex sobre el taifor. Gaddafi no deja nada al azar.
-Carpe diem. -Pues tú más. Gaddafi también está entre el amplio elenco de amigos de la hedonista Casa Real española.

Incluso Aznar, huraño presidente de la FAES, azote de ecologistas y partidario de bombardear un Irak aun sin armas, es capaz de sentarse y sonreir sinceramente en compañía del hermano Muammar.

Parece, pues, increíble que Gaddafi, quien gozara de una nómina tan variada de amigos importantes, se encuentre hoy prácticamente solo frente al mundo rodeado de un ejercito de mercenarios, cuando hasta en América, de norte a sur, fue respetado y celebrado.

Obama, premio Nobel de la Paz, presenta sus credenciales a Gaddafi. En estos días, contrariamente, amenaza con serias medidas contra Libia.

Tras lustros de una relación imposible, el satánico régimen libio apareció de pronto rehabilitado a los ojos de la administración americana. En la foto, Hillary Clinton con un hijo de Gaddafi en 2009. Tras los últimos acontecimientos, la situación se ha invertido: el régimen vuelve a resultar inaceptable.

Gaddafi parecía haber hecho los deberes. Bush le tendió la mano y Leezza le visitó en 2008 en Libia. El coronel fue muy generoso con ella.

Compañeros de socialismo y rebelión, el coronel Gaddafi y el Chávez sonríen felices con las espaldas bien cubiertas por la guardia amazónica.

Con Daniel Ortega y Fidel Castro, tomando el pulso al marxismo americano.

En fin, Gaddafi fue incluso capaz de bajar a las mismísimas puertas del infierno buscando la amistad. Pensemos, por ejemplo, en Yoweri Museveni, dictador ugandés desde 1986, o en Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe desde 1987. ¿Y cómo se le paga...? Quédense con la idea: el peor testigo, el que fue tu amigo.
 

3 comentarios:

  1. Anónimo3/3/11 16:02

    Me parece asqueroso ,que si te consideras de la monarquia y de "sangre azul" tengas de amigo a un genocida,esto me repugna y me dá a entender que la monarquia española és igual de asquerosa y cómplice del genocidio......Y para la gente que no lo sabe que sepáis que el rey y la reina y gadafi són illuminatis y que quieren acabar con todos nosotros,nos van a sacar de todo ,hasta la sangre,así que cuidado con estos tipejos

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  2. Cuanta hipocresía!!! Hipócritas, aqui los amigos de Gadaffi, ahora lo llaman dictador.Sinverguenzas, por lo menos no digan nada para no parecer gente sin moral.

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  3. tuvo una vida opulenta llena de lujos, pero un final tragico, creo que muchos si aceptarian eso.

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