02 octubre 2009

¿Madrid, sede olímpica? No, gracias.


Ahora, con el pescado ya vendido, las imágenes se agolpan y los comentarios chirrían en el oído. Robotizados periodistas, cerebros de besugo con los esfínteres a punto de descontrolarse, al borde del infarto por los nervios, esperando el veredicto sobre algo que no hubiera pasado de noticia breve hace unos años. Experimentados charlatanes profesionales poniéndose estupendos sacando los trapos sucios de Brasil, Japón y Estados Unidos en esas tertulias que deberían erradicarse con lanzallamas y granadas. Políticos, zapaterillos, gallardones, el canciller de la república, la cólera de dios, astutos estrategas sin ideología que hacen digna a la perversa Cospedal diciendo tonterías no mensurables de vergüenza ajena, mendigando una patochada como si no hubiera un millón de cosas dignas de emprenderse. Deportistas inmensos como campos de fútbol, Induráin, Cacho, Domínguez, usados como muñecos, o dejándose usar. Gallardón y la Espe dándose la mano. Juan Carlos balbuciendo en inglés. En fin, imágenes. La primera página de los noticiarios y los periódicos no han mostrado otra cosa, no ha habido nada más en todo el día: el mundo, una vez más, vuelto un inmisericorde supermercado. Otra jodida sicosis colectiva.

Menos mal que ahora, cuando llego a mi casa, más que medio ebrio, ebrio entero, veo que la candidatura de Madrid se ha ido a la puta mierda y que Lula llora de alegría favorecido por tan insondable estupidez y por mediocridad tan impresionante. Que la gente vea al menos que con tanta pobreza mental no se puede contruir ninguna cosa.

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