12 marzo 2012

Nanopartículas: el aire envenenado de Roma


Robos, agresiones, violaciones, violencia neonazi, vandalismo tifoso, conducción criminal, desprecio por el bien común, contaminación acústica, desorganización, suciedad... Entre el sinfín de inconveniencias, desgracias, conflictos y delitos que amenazan la vida de quien vive en la ciudad de Roma, hay algo que, probablemente por su fuerza expansiva y su vigorosa capacidad de afectación, resulta más inquietante que todo ello: el aire que se respira, un aire que destaca entre los más nocivos de Europa. Sin embargo, cualquiera que conozca el abandono y el caos organizativo que caracterizan a esta ciudad en todos los órdenes posibles de la existencia, podrá entender fácilmente que el problema de la calidad del aire, a pesar de su incuestionable trascendencia, no tenga una especial consideración.

El poder invasivo de las nanopartículas
Los datos que suministran, entre otros, el portal Epicentro -del Centro Nazionale di Epidemiologia, Sorveglianza e Promozione della Salute-, el proyecto europeo Aphekom o el italiano EpiAir no dejan lugar a dudas. Cada año se atribuyen a los efectos de la contaminación de la ciudad eterna más de mil muertes seguras por cáncer y patologías agudas y crónicas del aparato respiratorio y cardiocirculatorio. Pero poco importa. A pesar de todo ello, a pesar de la recurrente presencia del sintagma polveri sottili en las portadas de los grandes diarios italianos, las autoridades siguen mirando a cualquier parte menos adonde deben. Y es que por mucho que los organismos competentes estén por ley obligados a controlar las partículas en suspensión o nanopartículas que envenenan el aire y a adoptar las medidas pertinentes, esa ley de ámbito europeo (directiva 2008/50/CE) en Italia no es más que un brindis al sol de consecuencias trágicas. Por lo general, se tiende a ignorar el impacto devastador que tienen sobre el ser humano estas sustancias (PM10, PM2'5, PM1, PM0'1...), pero son elementos, tan letales como extremadamente sutiles -el número hace referencia a su diámetro en micromilímetros-, capaces de penetrar en los tejidos, desde la faringe a los alvéolos pulmonares, llegando a alterar las mismas células. Si, por poner un caso, nos centramos exclusivamente en el PM10, se puede ver cómo la normativa fija un umbral máximo de concentración en aire de 50 µg/m³ diarios que no debe superarse más de 35 días al año, cuando, por desgracia, los datos suministrados por la Agenzia Regionale per la Protezione Ambientale (ARPA) revelan que en 2009 fueron 67 los días en que se superó ese límite, 50 en 2010 y más de 63 en 2011.

Desconozco, en ese sentido, el éxito que pueda estar obteniendo la iniciativa Roma sotto smog que la asociación Codacons puso en marcha en diciembre pasado con el fin de exigir a las autoridades romanas que tomen las medidas necesarias y reclamar una indemnización por los daños causados, pero lo que sí puedo asegurar es que hoy, 12 de marzo, mientras voy caminando, el aire resulta, en unas zonas más que en otras, absolutamente irrespirable. Un día, paradójicamente, en que la calidad del aire parece ser aceptable según la consideración de la web La Mia Aria. Si es así, ¿qué será de nosotros el próximo viernes, para cuando esa misma página nos recomienda permanecer en casa?

Mientras sigo mi camino, medio asfixiado, por el centro de la ciudad, no puedo dejar de pensar, una vez más, que los políticos italianos, como tantos otros de otras latitudes, no sirven absolutamente para nada.
 
Coche, fábricas, calefacciones: Roma bajo el "smog"

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