13 diciembre 2011

Entre berlusconis: vivir y morir en la Italia de las ciudades


Acelera y se adelanta hasta pisar el asfalto. Se para. Mira a cada lado. Extiende los brazos con las manos abiertas. Los coches pasan por delante en un visto y no visto desde uno y otro lado. Impotente, con la paciencia de Job, aunque con menor fortuna, espera hasta que, al fin, se para uno, y luego otro, y otro más. Dispuestos en fila india, los mira, no obstante, con cautela. Para asegurarse. Baja entonces los brazos y se echa a caminar por el paso de peatones. Tras él, su hijo Alessandro, de siete años, y su mujer. De pronto, como un heraldo del infierno, un Clio negro irrumpe por la izquierda de los tres vehículos parados a gran velocidad y desaparece sin pararse. Alessandro ya no existe. Y él casi tampoco. Pasó en Turín, en pleno centro, hace nueves días.

Hoy aquí, en Roma, yo he tenido más suerte. Caminábamos por un barrio tranquilo y poco transitado de chalets. Cuesta abajo. En la calle estrecha, los coches, pegados contra los muros, ocupaban la acera sin dejar un resquicio y nosotros, yo delante, íbamos inevitablemente por la calzada. Cuando ya acababa la calle, desembocando en otra perpendicular, apareció una moto por la izquierda como una exhalación y en una décima de segundo tuve la muerte de frente a pocos centímetros. Fue solo la habilidad del motorista lo que evitó que él o yo, o ambos, estemos ahora con Alessandro y con los otros cientotreinta que han muerto en idénticas o parecidas circunstancias en Italia en lo que va de año.

Invisibles marcas viales borradas por el tiempo. Semáforos escondidos tras los árboles. Señales garabateadas, convertidas en anuncios o tiradas por los suelos. Aceras, áreas para discapacitados y  pasos de peatones utilizados como aparcamiento por individuos alfa. Ciudades metálicas convertidas por homicidas egocéntricos en selvas opresivas y mortíferas, en las que convendría abolir no ya los pasos de peatones, como sugiere Beppe Grillo, sino, incluso, los semáforos. Tal vez así, acabando con la falsa sensación de seguridad que producen, la gente tome conciencia de la sociedad preapocalíptica en que vive y active su instinto de supervivencia.

Si alguien pensó por un momento que Italia iba a ser otra cosa solo por que il cavaliere è andato via, puede ir cambiando de idea. Hay por ahí miles y miles de berlusconis a escape libre y sin encarcelar.

En la jungla de asfalto...
Invisibles e ignorados pasos de peatones
Semáforos mimetizados con el entorno
Novedosas formas de publicidad
Híbridas manifestaciones de arte urbano
Una nueva lógica para el III milenio
Agostini, Rossi, Cadalora, Biaggi, Capirossi, Dovizioso, Simoncelli... y YO
Aceras, áreas para discapacitados, salidas de garaje o la propia calzada... Todo vale
Y lo que no vale, se tira
¿Quieres mi sitio? Pilla mi minusvalía
Sí, quiero aparcar aquí de nuevo. Por eso elijo...
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