28 marzo 2010
23 marzo 2010
01 marzo 2010
Tras las huellas de Isla Calavera

Hubo, pues, aunque sólo perviva en escorzo en algunas cabezas, una edad de la inocencia que hoy queda muy al margen de las guías turísticas. Un tiempo de espacios abiertos y lagunas vivas, de casas encaladas y patios vecinales, y de seres que, junto con el hombre, atestaban la tierra y la marisma cuando el mar escupía peces inmensos. Un tiempo de niños que recorrían las calles y las huertas cavando agujeros buscando agua potable, y de viejos que lijaban en silencio las puntas de sus anzuelos oxidados.


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