11 septiembre 2008

El fichero Edvige

Es duro de aceptar, pero es muy cierto: encontrar en medio de este engendro que ha dado en llamarse Unión Europea políticos valientes, de casta -pienso luego decreto, o secreto, o excreto, entre otros cretinismos- es, cada vez más, cuando no raro, imposible.

Lo hemos visto en la injusta soledad de la jueza Alabau, quien, por negarse a casar homosexuales, ha sufrido el acoso del extremista gobierno del talante. Y lo acabamos de ver en estos días en el maromo de la furba Bruni cuando da marcha atrás respecto a algunos puntos del fichero Edvige, plan que contempla la elaboración de una impagable base de datos con el CV moral de todas las personas mayores de 13 años que apunten maneras sospechosas. Concretamente, es una triste guasa que Mr. Sarkozy haya decidido a última hora, para evitar la polémica, no incluir un dato que parece crucial a la hora de atar en corto a tanto maleante tocapelotas: la tendencia sexual.


Conocer de antemano las desviaciones sexuales de los individuos permitiría, por ejemplo, saber quién puede casarse o adoptar un niño, quién merece beneficiarse de una vivienda de protección oficial, una pensión de viudedad o una herencia o de qué niños es más o menos aceptable que se mofen en la escuela. ¿Alguien ha pensado en qué medida se agilizaría la burocracia administrativa?

En fin, no se entiende muy bien cómo a una cantidad no trivial de homosexuales le ha dado últimamente por lanzarse a un ritual tan absurdo como es el matrimonio -¿atrincheramiento frente al hetero? ¿seguridad ante a la administración? ¿fuerza atávica? ¿simple estupidez?-, pero lo cierto es que, para estupefacción de la sra. Dalmau, se casan. Así que, ya puestos, ¿por qué no fijar genéticamente, desde el nacimiento, la tendencia sexual de los niños y evitar que los desviados hagan la Primera Comunión? Se lograría así que no se siguiera mancillando ese purísimo sacramento.

Eso sí sería valiente.

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