19 enero 2012

Estallido social inminente (o no)


Un matrimonio italiano que, harto de miserias y de pedir ayuda, echa el cerrojo en la ciudad de Bari, tras dejar una nota explicativa: "Leeréis en los periódicos con cuánta dignidad saben morir dos ciudadanos asqueados de la hipocresía y de vosotros, los políticos." Padres griegos que, ahogados en un mar insolvente de tristeza -Grecia tiene la tasa de suicidios más alta de Europa-, optan por abandonar a sus hijos por calles, escuelas o gasolineras como mascotas en verano. En España, un electricista de Hospitalet en paro, pendiente de juicio por ocupación ilegal y depresivo, que, tras ser echado a la calle con mujer e hijo, decide ahorcarse en un parque a la vista de todos. Una anciana madrileña de 84 años, con cáncer y al cuidado de un hijo discapacitado de 55 años, a la que desahucian mientras está ingresada en el hospital. Menores de 25 trabajando por 400 euros al mes en condiciones laborales incomprensibles sólo dos años atrás. Jóvenes investigadores que pierden sus ayudas económicas en mitad de sus tesis...

Políticos que recortan derechos y reajustan vidas ajenas hasta asfixiarlas que se embolsan, como Rajoy (550.000 euros anuales) o Cospedal (280.000), cuantiosas sumas de dinero. Plusmarquistas del pluriempleo como la presidenta de la Diputación de León o el alcalde de El Barco de Ávila, que cobran de 12 y 13 cargos públicos respectivamente. Banqueros como Rodrigo Rato, que en 2011 se metió en la talega 2.340.000 euros, ajeno al hecho de que Bankia, la entidad bancaria que preside, ha recibido 4.465 millones de euros de fondos públicos, esto es, del dinero de la gente. Empresarios corruptos amparados por la justicia. Clérigos fariseos -muchos de ellos experimentados pederastas- ejerciendo de martillo de herejes contra los excluidos. Miembros de la realeza como Cristina de Borbón, enriquecida a costa de expoliar a sus súbditos...

No son estas más que unas pocas muestras, tomadas al azar, de la cara y la cruz de una sociedad arbitraria y humillante en la que millones de parias han sido abandonados a una reforma laboral, auspiciada por gobiernos y empresarios, que arrasa a su paso derechos seculares, logrados muchas veces con sangre, cuya desaparición convierte al individuo en una mercancía barata y dibuja un paisaje explosivo. El Antiguo Régimen, caracterizado por una profunda fractura social, parece mantener su vigor en pleno siglo XXI: siervos y nobles, desde el rey a los concejales de un pequeño pueblo, componen un modelo sociopolítico irrecuperable que ha llegado a un punto de no retorno cuya salida no puede ser otra que su radical liquidación.


Millones de zombis vagando desnortados entre la injusticia y la falta de representatividad conforman un panorama preapocalíptico -peor que el anterior, mejor que el que viene- que alberga en su interior una bomba social que, incomprensiblemente, no termina de explotar, lo que constituye una realidad sorprendente para la que se han apuntado diferentes razones. Desde el miedo a que te señalen con el dedo al individualismo que deriva de la deificación del consumismo, pasando por el rechazo a admitir que el estado del bienestar no es más que historia, la dócil aceptación de los hechos como inevitables, la desconfianza en la rentabilidad de las protestas, el recelo hacia partidos y sindicatos o el constructo que suministra una prensa políticamente correcta, sin compromiso ideológico y de pensamiento único. Se ha llegado a decir, incluso, que la falta de un sentimiento de adscripción a una clase -en relación con la sustitución del binomio patrón/obrero por el de izquierda/derecha que ha tenido lugar en época reciente- podría contribuir a retrasar el momento de la detonación.

Sin embargo, nada es para siempre. Y ahora que las familias, colchón habitual de las penurias de los jóvenes, se ven empobrecidas y las ayudas al desempleo se baten en franca retirada, la evolución hacia un escenario de insubordinación civil y violencia gana enteros cada día que pasa. Que la nobleza no lo vea ni haga nada por evitarlo, tal vez se explique por su ceguera mental o por un musculoso sentimiento de seguridad en sí misma. De momento, tal como recoge el BOE del 31 de diciembre, el gobierno de Rajoy se ha gastado 1,5 millones de euros en gases lacrimógenos. Sea como fuere, si son tiempos convulsos, parece que habrán de serlo para todos. Ha quedado definitivamente atrás el tiempo en que el descontento servía solo para inspirar presentaciones en powerpoint con las que castigábamos a los amigos vía email. Hoy, la posibilidad de un estallido social está más cerca que nunca de convertirse en una realidad nada virtual.


13 diciembre 2011

Entre berlusconis: vivir y morir en la Italia de las ciudades


Acelera y se adelanta hasta pisar el asfalto. Se para. Mira a cada lado. Extiende los brazos con las manos abiertas. Los coches pasan por delante en un visto y no visto desde uno y otro lado. Impotente, con la paciencia de Job, aunque con menor fortuna, espera hasta que, al fin, se para uno, y luego otro, y otro más. Dispuestos en fila india, los mira, no obstante, con cautela. Para asegurarse. Baja entonces los brazos y se echa a caminar por el paso de peatones. Tras él, su hijo Alessandro, de siete años, y su mujer. De pronto, como un heraldo del infierno, un Clio negro irrumpe por la izquierda de los tres vehículos parados a gran velocidad y desaparece sin pararse. Alessandro ya no existe. Y él casi tampoco. Pasó en Turín, en pleno centro, hace nueves días.

Hoy aquí, en Roma, yo he tenido más suerte. Caminábamos por un barrio tranquilo y poco transitado de chalets. Cuesta abajo. En la calle estrecha, los coches, pegados contra los muros, ocupaban la acera sin dejar un resquicio y nosotros, yo delante, íbamos inevitablemente por la calzada. Cuando ya acababa la calle, desembocando en otra perpendicular, apareció una moto por la izquierda como una exhalación y en una décima de segundo tuve la muerte de frente a pocos centímetros. Fue solo la habilidad del motorista lo que evitó que él o yo, o ambos, estemos ahora con Alessandro y con los otros cientotreinta que han muerto en idénticas o parecidas circunstancias en Italia en lo que va de año.

Invisibles marcas viales borradas por el tiempo. Semáforos escondidos tras los árboles. Señales garabateadas, convertidas en anuncios o tiradas por los suelos. Aceras, áreas para discapacitados y  pasos de peatones utilizados como aparcamiento por individuos alfa. Ciudades metálicas convertidas por homicidas egocéntricos en selvas opresivas y mortíferas, en las que convendría abolir no ya los pasos de peatones, como sugiere Beppe Grillo, sino, incluso, los semáforos. Tal vez así, acabando con la falsa sensación de seguridad que producen, la gente tome conciencia de la sociedad preapocalíptica en que vive y active su instinto de supervivencia.

Si alguien pensó por un momento que Italia iba a ser otra cosa solo por que il cavaliere è andato via, puede ir cambiando de idea. Hay por ahí miles y miles de berlusconis a escape libre y sin encarcelar.

En la jungla de asfalto...
Invisibles e ignorados pasos de peatones
Semáforos mimetizados con el entorno
Novedosas formas de publicidad
Híbridas manifestaciones de arte urbano
Una nueva lógica para el III milenio
Agostini, Rossi, Cadalora, Biaggi, Capirossi, Dovizioso, Simoncelli... y YO
Aceras, áreas para discapacitados, salidas de garaje o la propia calzada... Todo vale
Y lo que no vale, se tira
¿Quieres mi sitio? Pilla mi minusvalía
Sí, quiero aparcar aquí de nuevo. Por eso elijo...
Para Via della Degradazione, siga la flecha

30 noviembre 2011

Un nuevo yerno para el rey Juan Carlos


Excmo. Sr.

le ruego me perdone la osadía de dirigirme a S.M. sin pasar por el Jefe de la Casa Real, pero entiendo que es lo más conveniente, dada la naturaleza del asunto que me trae y que de inmediato paso a comentarle.

Siendo tantísimos los casos conocidos en la historia reciente de tercos delincuentes que se pasean impunes por ahí con los bolsillos llenos, y que, aun así, no son sino unas pocas gotas en la mar oceana, no se atisban en el horizonte señales de que la Justicia de este país vaya a empezar a funcionar con eficacia a corto plazo. Y eso es hasta tal punto cierto, que el proceso que parece conducir inequívocamente a que S.A. el Duque de Palma se siente en el banquillo, bien podría quedar en nada, como es mi deseo, poniéndose así fin a la aflicción que a S.M. enoja y acongoja en estos días. Sin embargo, son tales la enjundia de las tropelías que ha perpetrado el Sr. Urdangarín y la evidencia que hay de ellas, que podría ocurrir que acabaran pasándole factura no ya a él, sino a toda la Casa RealImagino es Usted consciente de ello. Un delito de tal envergadura no sólo da alas a quienes siempre han querido erradicar la monarquía de la faz de la Tierra, sino que comprometería muy seriamente a S.M., habida cuenta de que sus haberes y movimientos son, cuando menos, tan oscuros como los de su yerno favorito, pero muchísimo más injustificables, si cabe. 

En ese sentido, estimo legítimo y muy acertado que requiriera su presencia en la Zarzuela al objeto de reprenderlo y obligarle a exculpar a su hija, S.A. la Princesa Cristina, de suerte que la culpa recaiga sobre él. Sabido que, salvo S.M., cualquiera puede ser juzgado, no es un dato trivial que ella, en tanto que vocal en la junta directiva del Instituto Nóos y secretaria del consejo de administración de Aizoon, tendría bastantes papeletas para verse imputada y acabar en la cárcel. Además, el espectacular patrimonio acumulado en poco tiempo lo es tanto de ella como de su marido. ¡Qué harían entonces los pobres nietos de S.M. con los padres en el trullo, dado que, a pesar de aparecer ya algunos de ellos como accionistas de la sociedad Namaste 97, no están en edad ni de vivir entre rejas ni de administrar cuentas corrientes!

En fin, de sobras sé que no hay necesidad de imaginar escenarios tan lúgubres. Con una corrupción tan bien sedimentada como la nuestra, probablemente todo quedará en nada y podrá S.M. volver a su regia hoja de ruta. Ojalá. Ahí están Mario Conde, Francisco Camps, Alfredo Sáenz y tantos otros. Sin embargo, Dios no lo quiera, si el Sr. Urdangarín acabara en la cárcel y S.M. decidiera degradarlo de familia real a familia del rey y forzarle el divorcio, permítame el atrevimiento de recomendarle como sustituto, y es este el verdadero leitmotiv de mi escrito, a quien en 1992 solicitara la mano de su hija, sabiendo retirarse decorosamente tras admitir su derrota frente a las habilidades de S.A. el Duque de Palma. No sé si se acuerda de AlbertPla, un ser excepcional cuya firme candidatura quiero aquí defender. La carta que a S.M. dirigió entonces el sr. Pla es hoy cima de la literatura epistolar e hito de la cultura hispánica, pero, sobre todo, muestra viva de acatamiento a la Corona, como puede ver y oír a continuación.

Pista 03 by Albert pla on Grooveshark
Mi Majestad,

espero no ofenderlo ni irritarlo, Majestad,
pero mi deseo es casarme con su hijita, Majestad.
Quizás sea una osadía pedir la mano de su hija
y no me creáis oportunista ni un playboy, mi Majestad.
No pretendo enriquecerme ni quiero palacios
ni pajes ni yates
ni quiero ser duque o tener chambelanes,
no deseo aprovecharme ni robarle nada,
es cuestión de amor.

Que estoy loco de amor por la princesa, Majestad,
entiéndalo, Rey mío, por favor, compréndalo.
Aunque sea soberano, supongo que será humano,
como el resto de sus siervos también tendrá sentimientos.

Yo sé que vos realmente también os cagáis
y folláis y sudáis como yo, esto es real,
así que présteme un poquito de atención,
le hablaré francamente frente a frente, Majestad.

Quizá yo no sea el yerno que soñó, mi Majestad,
nunca tuve dinero ni soy conde o caballero,
no llego ni a hidalgo, ciudadano raso,
mi estirpe no es noble pero mi nobleza
me obliga a decirle la verdad.

Sería mentirle si digo que tengo respeto por la monarquía,
siempre me he cagao en las dinastías

y en las patrias putas, las banderas sucias,
los reinos de mierda y en la sangre azul.

Mi Majestad,

ahora es el real decreto del corazón, mi Majestad,
que me arrastre y que reniegue por amor, mi Majestad,
pues si la fe mueve montañas, el amor remueve el alma,
y hasta el ser más consecuente ante el amor pierde su honor.

Yo por amor soy capaz de mandar a la mierda
mis firmes principios de republicano,
cambio de camisa y rindo pleitesía a la monarquía,
¡que viva el amor!
que me convirtió en su esbirro, Majestad.

Solo pensar que quisierais ser mi suegro, Majestad,
yo ya le adoro, ya le adulo y hasta le beso en el culo,
le prometo ser bueno, un digno yerno, Majestad.

Si me caso, me transformo como en ese cuento
aquel sapo que por un beso se convirtió en príncipe encantado,
y así por un beso de su princesita
también yo me vuelvo en to lo que usted quiera.

Seré su súbdito amado, su sumiso esclavo,
su obediente criado, su subordinado y devoto lacayo.
Le juro ante dios y ante el cielo y la Biblia
¡que viva el Rey!


Savia nueva para la monarquía
Le ruego, en suma, Majestad, contemple la posibilidad de acoger a Albert entre los suyos, porque un grandísimo esfuerzo no merece sino equivalente recompensa. Y digo más: siendo su deseo de entroncar con los Borbones tan hondo y sincero, y tan grande, al mismo tiempo, la necesidad de la monarquía de nuevos súbditos, bien podría igualmente casarlo con S.A. la Princesa Elena, si, finalmente, su hija pequeña termina, perdone la expresión, pudriéndose en la cárcel. A fin de cuentas, visto lo visto, sea sustituyendo a Urdangarín o a Marichalar, no puede S.M. sino salir ganando. Vea, si lo tiene a bien, el vídeo que le adjunto a continuación y dígame si no estoy en lo cierto.

En fin, no le canso más, Majestad. Sin otro particular, y en el deseo de poder ver cumplidas mis expectativas, quedo a su entera disposición.
Su humilde súbdito.