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11 abril 2013

Elephants ( Blaudzun ), mejor canción de 2012

Llego con retraso, tampoco creo que esta empresa vaya a liberar al mundo de sus cadenas ni me parece que haya nadie esperando a que lo haga, sin embargo, quisiera dejar aquí cumplida cuenta de la que ha sido la mejor canción de 2012. Por si alguien no se ha enterado.

Si digo Elephants habrá incluso quien llegue a pensar en las víctimas de algún rey paquidermo y campechano. Si digo Blaudzun -el músico, que no el ciclista-, muchos no sabrán directamente de qué hablo. Tampoco lo sabía yo hasta hace un par de años. De hecho, más allá de sonarme el nombre, no conocí su música hasta el año pasado con Heavy flowers.

Blaudzun es el alias de Johannes Sigmond, músico, cantante y compositor holandés baqueteado en bandas antes de lanzar su propio proyecto personal. Una especie de Moltheni neerlandés, uno que va por libre esparciendo objetos de gran belleza, especialmente por su zona de influencia (Holanda, Bélgica, Alemania), aunque con excursiones cada más frecuentes hacia otros finisterres (UK, USA).

Letras elaboradas, preciosistas, minimalistas, esbozando los aspectos chirriantes de la vida. Lirismo folk, pop luminoso, épica indie con evocaciones puntuales a un Costello extinguido o a unos Arcade Fire exultantes. Diría que Heavy flowers, que ni siquiera aparece entre los 50 mejores álbumes de 2012 según Rockdelux, es el mejor disco del año pasado, pero podría equivocarme. En buena lógica, aserciones de este tipo hunden a uno nada más abrir la boca. Sin embargo, para no equivocarme, haré otra afirmacion en la misma dirección: Elephants, el segundo de los 12 temas perfectos que conforman Heavy flowers, fue la mejor canción de 2012. Como mínimo, de todo lo que yo oí. Aquí la dejo.


Elephants (Blaudzun, 2012)

She lives in mad houses / In warm museums too.
She reads time as are books in / Books are on jesus too.
She sings at big time rallies / Smart tunes go lalala... lalala...
The key to the city is / In the one she moves...

To me, to me.

She lives in shipwreck cars / In her houses too.
She talks to elephants / Trying to get them to.
Sing a long, sing-a-long my darlin' / The smart kids go lalala... lalala...
The secret in her eyes / Ooh when she looks...

To me, to me, to me, to me.

lalala... lalala... la
lalala... lalala... la
lalala... lalala...

She talks to elephants!
She talks to elephants!





02 mayo 2012

El Día De


Anteayer, 30 de abril, fue el Día Internacional del Jazz. El primer día del jazz de la historia. Una iniciativa auspiciada por la Unesco a instancias del gran Herbie Hancock, que nace en forma de chaparrón de actividades -conciertos sobre todo-, desplegadas por todo el planeta con la pretensión de integrar reivindicaciones femeninas, interculturalidad, pacifismo y dignificación de las personas a partir del propio jazz como elemento aglutinador. Grandes objetivos estos de sesgo filantrópico, dirigidos a inundar la aldea global, que no siempre resultan sencillos de descodificar. De entrada, las celebraciones no empezaron, como hubiera sido preceptivo, anteayer, sino el pasado 27, en la aséptica sede parisina de la Unesco, con mesas redondas, conferencias, talleres y otras gaitas. Nada que ver, obviamente, con las plantaciones, cárceles, calles, iglesias y tugurios en los que se forjó el jazz primigenio, una forma musical cuya edad de oro hay que situarla ya muy lejos: en los años 50 del siglo pasado. Cuesta trabajo imaginarse a Thelonious Monk, Charles Mingus, John Coltrane o Sun Ra en actos descafeinados destinados a integrar el jazz en la maquinaria ultraliberal de nuestros días, o a Miles Davis, Charlie Parker o Chet Baker, hasta las cejas de heroína, sonriendo hipócritamente al diplomático de turno.

Con todo, nada más lejos de mi deseo que despreciar aquí el empeño del autor del recomendable Head hunters (1973). El del jazz no es un día que me repela especialmente. Lo que en verdad repele es el nada asumible maremágnum de "Días De" que ha terminado por anegar el calendario. Al principio, al santoral de toda la vida se le iban añadiendo días señalados que nacían al simple objeto de reseñar un hecho a reivindicar o simplemente memorable: Día Mundial de la Salud, Día Internacional de los Gitanos, Día Mundial del Sida, Día Mundial Sin Automóviles, Día de los Derechos Humanos... Sin embargo, al poco, la cosa empezó a salirse de madre. Basta detenerse un momento en los "Días De" medioambientales para hacerse una idea precisa: Día Mundial del Medio Ambiente, Día de la Tierra, Día del Sol-Tierra, Día Mundial de la Diversidad Biológica, Día Mundial de los Océanos, Día Internacional de los Humedales, Día Internacional de las Aves, Día del Árbol, Día Forestal Mundial, Día Mundial del Agua, Día Meteorológico Mundial, Día de Acción Contra las Represas, Día Internacional del Combatiente en Incendios Forestales, Día de la Conservación del Suelo...

Así las cosas, a fuerza de conmemorar un Día De tras otro, se ha terminado por minimizar o fagocitar el valor práctico y diferencial de cada nueva celebración, deviniendo el calendario un caótico compendio de efemérides, la mayoría banales, redundantes, estúpidas o despreciables, que se suceden sin solución de continuidad: desde el Día de la Marmorta al Día del Número Pi, pasando por los de Halloween, de San Valentín, de la Marihuana, de las Fuerzas Armadas, de la Secretaria, de la Enfermera, del Abogado, de los Cornudos, del Toro Enmaromado, del Perro Callejero, del Dulce de Leche, de la Guerra de las Galaxias o de la Internet Segura. Y así hasta el infinito, lo que no deja de ser sino un reflejo de lo obvio, lo serial y lo vacío de contenido que impregna la cultura humana actual, que da muestras, también de este modo, de hallarse en una especie de fase terminal.

Frente a ello, ante semejante propagación de la chorrada institucionalizada, bastaría, en mi opinión, con dos conmemoraciones mutuamente excluyentes: el Día de la Revolución, para celebrar la destrucción del mundo de mierda que hemos construido, y el Día del Aquí Te Espero, para conmemorar la paciencia e inactividad con la que seguimos esperando su apocalipsis. ¿Para qué más?

11 febrero 2009

Ingleses (de Bilbao a Portsmouth)




Querido Slobodan, el viaje en el Pride of Bilbao, según miremos más para Sancti Petri que Barbate, resultó razonablemente bien.

Salvo la madre de mis criaturas, el resto sucumbimos, mientras navegábamos el Golfo de Vizcaya, a los efectos de la mar de fondo y nos pasamos la mañana, salvo para ir a potar al aseo, adheridos a los catres de nuestro camarote. Sin embargo, apenas enfilamos, rumbo noreste, el canal de la Mancha, a la altura de la isla de Ouessant, esto fue nada. La mar de fondo cedió en su intensidad y fue en ese momento, puestos ya en pie, vacíos los estómagos, cuando tomamos conciencia de la auténtica esencia iniciática de nuestra travesía atlántica.

Hecha excepción de los magrebíes, que atestaban el barco y a quienes, por razones obvias, hay que echar de comer aparte, y de los que no me atrevo a decir nada por miedo a una posible represalia –ya se sabe: todo dios teme a los musulmanes-, los ingleses son seres extraños. Muy extraños. Y digo extraños, y me muerdo la lengua, por no decir algo que pudiera molestar a mis primos políticos de Londres -Ana, Aleks, Brian y Oscar-, de quienes espero, en cualquier caso, que no lean jamás esta boutade.

En fin, que, restregándonos los ojos y tratando de guardar en lo posible el equilibrio, Martín, Marina y yo conseguimos abandonar la penetrante acritud del camarote y echamos a caminar por los largos pasillos, la sauna, la piscina, restaurantes y bares, el self-service, el casino, la cubierta… atestados de ingleses. Ingleses, ingleses y más ingleses en una orgía inesperada de culos desmesurados y pendientes dorados, de antiguos tatuajes y de bochas inmensas, de pezuñas desinhibidas e hinchadas sobre mesas y sillas, de eructos contra el viento oceano. Ingleses de todas las edades felices ante la neta realidad de su plato de patatas fritas con mahonesa y su gigantesco café imbebible. Octogenarios frondosos como manatíes compartiendo tintorro mientras escudriñaban la lontananza atlántica y jóvenes calvos tatuados y BBWomen con la tripa colgando haciendo acopio de pintas de cerveza cuando el bar amenazaba con cerrar porque ya se avistaba la fangosa bahía de un inhóspito Portsmouth, ventoso y húmedo. Risotadas gumarras ungidas en la grasa de un imperio acabado y huestes borrachas y chips and fish and bellyaches levitando por siempre sobre una alfombra mágica (calcetines+sandalias). Parecía que Rutger Hauer iba a asomar su cabeza entre las nubes para explicarnos en qué consistía la soledad del cosmos.

Y sé de sobras, compadre Dragutinovic, que, conduciendo por la izquierda, pagando en libras o sublimando la poesía del horizonte en millas, y siempre más horteras que Camela, deberían resultarnos más previsibles estos ingleses, pero no. Yo sigo sin explicarme cómo esta gente, ocupando el sajón una gran parte de mi horizonte cultural, me pareció en aquella travesía cenutrios tan exóticos. Y apenas duermo bien desde aquel día. Ahora, cada noche, apenas satisfago el mínimo de horas de sueño para no morir de un infarto al día siguiente, me despierto sobresaltado y, mientras mi chica duerme ajena a mi night watch, veo en las paredes de mi dormitorio escenas solapadas del imperio británico y cómo se convierte en ruinas mi mundo cultural.

God, help me if you can, i'm feeling down...
M
¿Son Richard Hamilton y Francis Bacon, William Blake y Aldous Huxley, el galés Dylan Thomas, Virginia Woolf y todos los de Bloomsbury, y Alan Sillitoe, John Keats, el divino Oscar Wilde de Reading Goal, Julian Barnes, el Ian McEwan que husmea en el coño de la existencia en Chesil Beach, el cadáver reciente Harold Pinter, el evermod Paul Weller, la zorra Ziggy Stardust, el poeta Costello, el dulce Robert Wyatt y el bello David Sylvian, Brian Ferry, Thom Yorke, Robert Fripp... estos mismos ingleses que los que arribaron con nosotros, borrachos como cerdos, a la bahía de Portsmouth?

...help me get my feet back on the ground, won't you please, please, help me, help me.

29 septiembre 2008

Ciudades abandonadas del alma




The street is cold, its trees are gone.
The story's told, the dark has won.
Once we set sail to catch a star.
We had to fail, it was too far.
[...]
On this dark street the sun is black.
The winter life is coming back.
On this dark street it's cold inside
There's no retreat from time has died...
Conocí a los Cream un día de primavera del año 75 en mi pueblo extinguido. Manolo se había roto un pie -o se había quebrado un huevo, no recuerdo-, y cuando fui a visitarlo, a los pies de la cama, un amigo suyo de Avilés tocaba a la guitarra Sunshine of your love. El enfermo hacía coros cuando yo dije "hola" y nadie me escuchó, y empecé a aporrear el cubo destinado a los vómitos -debió de ser lo del huevo, pienso ahora-. De aquella jam-session salió un bootleg clásico en mi estantería, una caset que escucho una vez cada 15 años más o menos. Meses después, mi nuevo amigo me mandó desde Asturias Live Cream (vol. 1: 1970 /vol.2: 1972) y yo a él Four wheel drive (1975) de Bachman-Turner Overdrive. Yo salí ganando, claro está.

Desde entonces -aunque yo siga igual-, las cosas han cambiado bastante. Hoy casi nada sé del Manolo, y nada en absoluto de Fran, el asturiano -otros amigos asturianos ya se han muerto-, y la santa geografía incendiada de mi adolescencia perece convertida en un maldito zurullo de tráfico y cemento por culpa de unos sucios malnacidos. Sin embargo, los Cream siguen aquí, poniéndome. Flanqueado por el segundo ron solo, escribo "cream" en el buscador de Deezer y salen 270 resultados con dios en formato power-trío, y empiezo a escuchar mientras navego. O, para ser más exacto, empiezo a volar mientras escucho: qué importa si nadie va al meollo, ignorando el problema (a más gente más majaderos, o más consumidores, más cabrones, más ovejas); qué más da que los lugares que un día nos pertenecieron, aniquilados por mediocres políticos o interesados hideputas, sean sólo ya conexiones sinápticas en nuestros cerebros; a quién le importa desde aquí arriba si Clapton, que cotizó un trienio como heraldo divino, bajó de los cielos a Cova da Iria para hacer bulto entre tarados, lisiados y ciegos (Tommy, can you hear me?).


Pasa el tiempo y Strange brew, White room, Crossroads, S.W.L.A.B.R., Tales of Brave Ulysses, I'm so glad, Badge, Spoonful, Sweet wine, As you said, N.S.U., Lawdy mama, Sunshine of your love, Deserted cities of the heart... siguen poniendo banda sonora cuando no a borracheras a resacas, tanto en bautizos como en funerales, y me siguen poniendo a mí como una moto (y conste que el primer ron me lo tomé escuchando el fantástico Intimacy de los Bloc Party).
Se vaya, pues, donde se vaya, a fecha de hoy, el blues-rock-gps de los Cream sigue abriendo senderos a todos los destinos, a limbos, a romas saqueadas, a desiertas ciudades del alma y la memoria. Si dios ha muerto, larga vida a dios en tu nuevo destino. Y sin Fresh Cream (1966), Disraeli girls (1967) y Wheels of fire (1968), eres un pobre vagabundo camino de la muerte.

20 junio 2008

Kelan Phil Cohran y los mapas mudos

El músico cuyo disco hace que el resto de la música que escucho en estos días me parezca una pérdida de tiempo nació hace 81 años en Oxford (Mississippi).


Compositor y trompetista de un jazz holístico equidistante de América, África y territorios todavía por nominar, compartió largas horas a fines de los 50 con Sun Ra, grabando discos ejemplares y tocando en vivo (no sólo la trompeta, también la cítara, el arpa, la percusión o la corneta). Un músico que decidió no seguir hasta Montreal al autor de Space is the place y continuar en Chicago lanzado definitivamente a su propia evolución. Antes, en una migración gradual sur-norte, había pasado de Oxford a San Luis, Jefferson City y Maryland, hasta llegar a Chicago en 1953. Fue miembro activo de The Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM), con sede en Chicago, por la que pasaron figuras de la talla de Anthony Braxton, Jack DeJohnette o Lester Bowie, desde donde se abogaba por la creación pura, se publicaban discos de jazz de vanguardia, se organizaban conciertos para músicos profesionales o amateurs o se impartían clases gratuitas de música o suahili.
Precisamente, para el primer concierto de la AACM, fundó en 1967 The Artistic Heritage Ensemble, banda con la que grabó el disco que impulsa este comentario y en la que militó gente como Pete Cosey, después con Miles Davis, o Maurice White, uno de los fundadores de Earth, Wind & Fire. El disco, grabado en 1969, reúne material de la segunda mitad de los 60 y dirige la vista al funk, el soul, los ritmos africanos, la tradición, la vanguardia, la improvisación y el espacio exterior, una música inclasificable y excepcional, especialmente si pensamos en el tiempo en que fue concebida. No es justo, pues, que la gente ande descargándose la mierda de cualquier majadero y que un disco de este nivel se encuentre perdido en el olvido o, si acaso, en la despensa de unos pocos sibaritas.
Si no te lo crees, escucha The minstrel primero, y luego el resto.

Por cierto, el músico se llama Philip Cohran, y el disco, On the beach, ambos inmensos.

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P.S. Los interesados pueden consultar:

1. El artículo de 2001 de Peter Shapiro para Wire Blues and the abstract truth [título que coincide con el de un discazo de 1961 de Oliver Nelson en el que se hace acompañar, atención, de Bill Evans, Roy Haines, Eric Dolphy, Paul Chambers y Freddy Hubbard, aunque esta es otra historia].
2. La reseña de On the beach que hace Stéphane Deschamps para Les Inrockuptibles este mismo mes y que servidor, humildemente, traduce del francés y pega a continuación, habida cuenta de que no hay versión digital de la revista.
La vuelta de un tesoro escondido del free-jazz, vertiente afro-funk
Reeditado regularmente pero con una gran discreción, este disco es como un cometa en el cielo del free-jazz cósmico: cuando pasa, no hay que perdérselo. En los 50, Phil Cohran, natural de Chicago, toca la trompeta con Sun Ra. Muy por delante de las distancias musicales entre África, el jazz y lo desconocido,forma después su propio grupo, enfocado al directo, y graba el material de On the beach entre 1967 y 1968, justo cuando James Brown está incendiando el Apollo y Fela Kuti fomenta la revolución afro-beat. La música de Phil Cohran, que toca el frankiphone (una versión personal del metallophone africano que reencontramos no hace mucho en Konono nº 1) se sitúa en un punto estratégico: excéntrico, explosivo, excepcional. Minstrel, el primer tema, es una liberación orgiástica increíble de afro-free-junk-jazz vudú, de tambores enloquecidos, de torbellinos de metales, de coristas sobreexcitadas. No se sabe dónde fue grabado, pero a buen seguro fue en la calle, en verano, bajo una lluvia de confettis. No hay un nombre para esta música, pero las piernas la comprenden muy bien. Lo que sigue de On the beach (que Cohran habría podido llamar Tsunami) es también impactante, libre e innovador: construido en torno al enfrentamiento entre una viola y una guitarra eléctrica, el último tema evoca a la Velvet tocando Sister Ray al pie de las pirámides de Egipto. Inasible, el grupo de Phil Cohran es también un vivero de talentos: el guitarra Pete Cosey, que ha tocado con la Rotary Connection o los bluesmen del sello Chess, se une a Miles Davis a principios de los 70, y Maurice White funda más tarde a Earth, Wind & Fire. Sea como fuere, en la época que nos ocupa, Phil Cohran y su grupo de jazz-frit tocan en la cima de un volcán africano en erupción cuyas lenguas de lava salpican las aceras de Chicago.

01 junio 2008

Vetusta Morla: Un día en el mundo

Aunque contenga canciones que no están mal y no pocos momentos estupendos, quién se atreve a decir que el último disco de Vetusta Morla (Un día en el mundo) es un disco buenísimo, esa fórmula que tan a la ligera repetimos cuando recomendamos un disco, incluso cuando no nos lo creemos ni de coña (¿Cuántos discos buenísimos has oído en lo que va de milenio?). No sé, lo mismo es cuestión de tiempo.
Sin embargo, la canción que da título al disco se ha convertido en la banda sonora de nuestros viajes durante todo el mes de mayo. Nos encanta. La ponemos nada más arrancar, varias veces durante el trayecto, cuando salimos, puestecillos, de los restaurantes o al volver en la oscuridad de la noche. Subimos el volumen, lo bajamos, hacemos voces y visitamos Brujas, Gante, Lovaina, Malinas, Lieja, Tervuren... con sus calles repletas de euroseres, extrañas entidades correctas e individualistas. Es verdad que no conseguimos entender qué es lo que cuenta la canción, qué es lo que piensan esos seres, pero qué importa. Acaso sea eso lo que hace que todo tenga en nosotros ese efecto tan narcótico. Definitivamente, un día en mundo, nuestra canción de mayo.
Por el día nos encierran en sus jaulas de cemento y aprendemos del león.
Por la noche atrapamos corazones asfixiados y disparos en su honor.
Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así.
Consumir, producir, la sangre cubre mi nariz.
No sé dónde quedó el rumor que nos vio nacer,
pagó la jaula al domador.
Dilatamos las pupilas en encuentros con sirenas con las piernas de neón.
Y blasfemamos por dios, prometemos por vos,
machacamos nuestros cuerpos prietos por un sueño de cartón.
Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así,
disfrazar, seducir, ponerme guapo para ti.
No sé dónde quedó el rumor que nos vio nacer,
pagó la jaula al domador.
Mírame, soy feliz, mírame, tu juego me ha dejado así.
Mírame, qué hago aquí, mírame, tu juego me ha dejado así.
No sé qué fue de aquel rumor que nos vio crecer
siendo la carne del león.
(Galván/Vetusta Morla)



Información sobre Vetusta Morla en su página.

30 abril 2008

La amenaza amarilla

Nos venían avisando. Tiempo hacía que preclaras mentes nos hablaban de una amenazadora fuerza que venía de oriente: la gran muralla china, la tinta china y naranjas de la China, todo nos parecía un cuento chino. Ni los tira chinas, las películas chinas o las bolas chinas nos sacudieron el desinterés. Quién se acuerda de Los Nikis en el año 81 del siglo pasado clamando en el desierto:

La amenaza amarilla, la amenaza amarilla...
Los radares de Occidente están detectando mucha gente, nadie sabe lo que pasa, ni la CIA ni la NASA.
Son los chinos, que se han unido, y no se dan por vencidos, han saltado la Muralla, se están pasando de la raya.
Corre hacia tu casa, escóndete en tu habitación, baja la persiana, métete debajo del colchón.
Hiro Hito y Mao Tsé Tungluchan por el bien común, cuando vean lo que han hecho, estarán muy satisfechos.
En la ONU están temblando, ahora saben lo que está pasando: mil millones de orientales están rodeando las ciudades.
Corre hacia tu casa, escóndete en tu habitación, baja la persiana, métete debajo del colchón.
La amenaza amarilla, la amenaza amarilla...
Pero, como con tantas otras cosas preocupantes que nos acechan, aprendimos a vivir con ello sin prestar atención a las señales. En Milán, ejemplo pionero en una Europa cada vez más gualda, la comunidad china empezó a formarse ya en los años 30 en via Canonica, la que a la sazón sería, 70 años más tarde, mi calle durante cinco años. En la escuela del barrio había chinos a punta pala. A la hora de la salida, mujeres guapas y hombres mal vestidos atravesaban la puerta antes que tú, se te colaban por debajo del sobaco, no hablaban con nadie, salvo entre ellos, aunque sí sonreían, y conducían a sus hijos a base de collejas y cariño, a partes iguales... Los veías por todas partes. Los negocios del barrio se iban traspasando y allí estaban ellos para pillarlos todos.
En via Paolo Sarpi, centro neurálgico de la chinatown lombarda, había un restaurante chino, el Ju Bin, que ofrecía cientos de platos en el menú: pulpo, cangrejos, gambas, bogavantes, pato, cerdo, pollo, makizushi, futomaki, uramaki... mil platos, digo, preparados de un sinfín de maneras. Todo a lo grande. Un centenar de jovencísimos camareros y camareras que, en muchos casos, no hablaban un pijo de italiano atendían a hordas de famélicos milaneses castigados por el alto nivel de vida de la ciudad. Por 50 euros, 5 ó 6 personas comían y bebían hasta reventar. La relación con el cliente resultaba por lo general bastante fría, fruto de una cultura -no podía ser de otro modo- milenaria, ajena del todo a la europea. Pero bueno, eso era lo de menos. Cuando salías a la calle, bastante más de medio pedo por el vino, parecía que estabas en otro planeta: tiendas de ropa, de zapatos, de juguetes, de todo a un euro, supermercados, restaurantes... y chinos, chinos por todas partes. Buscabas un vínculo con ellos, y sólo aparecía Bruce Lee en el horizonte, algo a todas luces insuficiente. Lo mismo debía sentir Umberto Bossi, fundador de la Lega Lombarda y sumo pontifice de los ultranacionalistas padanos, que montaban tenderetes los fines de semana en el barrio chino para recoger firmas con el deseo de mandarlos a la otra orilla del Liang Shan Po y poner una gran muralla china de por medio.

En aquellos momentos de sobreexposición lo vi claro: la estrategia amarilla era poner gente hábil al frente de iniciativas y negocios con decenas y decenas de empleados mal pagados y repartirlos por todo el planeta. Un plan de selección biológica de líderes aséptica y cuidadosamente llevado a la práctica...

www.tuporno.tv

07 febrero 2008

Jai guru de va om

Estamos de luto.Este martes ha pasado a mejor vida el Maharishi Mahesh Yogi, un tío bajito, gordito, con greñas y un morro a considerar, que, durante una buena temporada, subyugó al grupo de pop más famoso de la historia [perdonen los puristas seguidores del pop de segunda o quinta división que estemos hablando de los Beatles].
Aunque la prensa oficial no se detiene estos días de obituario en los detalles, el Maharishi, rodado en la escuela de (búscate) la vida desde los años 50, tenía un fino olfato para los negocios. No en vano ya se había hecho en 1965 con el 50% de los Doors (John Densmore y Ray Manzarek).
En febrero del 68, los Fab Four, sus señoras y algunos acompañantes -entre ellos, Donovan y las hermanas Mia y Prudence Farrow-, se establecieron en la Academia de Meditación Trascendental del Maharishi en Rishikesh (La India). Allí pasaron varios meses todos juntos siguiendo un curso de meditación a golpe de mantras y poniéndose hasta arriba de todo, y componiendo, esto es cierto, un buen puñado de buena música que constituye el grueso de lo que hoy se conoce como White album. El peje, al que no se le pasaba por alto el potencial que tenía el cuarteto de Liverpool, ganó adeptos a mansalva para sus “técnicas” piadosas y pacifistas y, de paso, se hizo rico.
Los Beatles, ya moscas con el componente mercantilista del gurú hindú, se rebotaron del todo cuando a éste, en un arrebato, le dio por meterle mano a la ex de Woody Allen. Ahí, así, acabó el idilio Beatles-Maharishi. La Sexy Sadie de la que habla la canción homónima del Álbum blanco no es sino el libidinoso yogui que hizo de la meditación una empresa. Por cierto, Dear Prudence, otra de las canciones, habla de la hermana de Mia, que, al ser tanta su necesidad de meditación, se pasaba los días recluida en su cuarto.
Sea como fuere, The Beatles ya andaban hacía mucho -Rubber soul- en pos de la mística oriental y los sonidos envolventes del sitar, cuando, en 1967, llevados por el empuje de Miss Harrison (luego ésta abandonaría al místico Harrison por Eric “Slowhand” Clapton, pero esta es otra historia), se encontraron por primera vez con Sexy Sadie en un hotel de Londres. Vale la pena ahora, aprovechando la coyuntura, recordar el apartado místico-orientalizante de su música, que tan bien ha aguantado el paso del tiempo:



Discover The Beatles!


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06 febrero 2008

Éste... lo tengo

Las listas de lo mejor del año son una kk, lo sabemos, pero, eso sí, tiramos de ellas para movernos por nuestros lugares favoritos de la red. Aquí aparecen contrastados los 25 mejores trabajos según dos revistas emblemáticas: en primer lugar, Les Inrocks, la revista musical con más pedigrí de la prensa musical francesa (a decir verdad, bastante perdida últimamente en el mainstream) y, a continuación, Rockdelux, lo más cool, snob y rompiscatole de la prensa musical española. Aparecen marcadas en el mismo color las coincidencias.

¿Cuántos tienes tú?

1. LCD Soundsystem - Sound of Silver : Animal Collective - Strawberry Jam
2. Justice - † : Panda Bear - Person Pitch
3. Loney Dear - Sologne & Loney, noir : Burial - Untrue
4. Animal Collective - Strawberry Jam : PJ Harvey - White Chalk
5. Klaxons - Myths of the near future : Iron & Wine – The shepherd’s song
6. Kanye West - Graduate : Vic Chesnutt – North star deserter
7 . PJ Harvey - White Chalk : M.I.A. - Kala
8. Patrick Watson - Close to Paradise : Bright Eyes - Cassadaga
9. Alela Diane - The Pirate’s gospel : Rickie Lee Jones – The sermon on exposition boulevard
10 . M.I.A. - Kala : Calle 13 – Residente o visitante
11. The Gossip - Standing In The Way Of Control : Robert Wyatt – Comicopera
12. Radiohead - In Rainbows : Elvis Perkins – Ash wednesday
13. Burial - Untrue : Von Südenfed – Tromatic reflexxions
14. Florent Marchet - Rio Baril : Kanye West - Graduate
15. The Coral - Roots & echoes : Low – Drums and guns
16. Mika - Life in a cartoon motion : The Good, the Bad & the Queen - The Good, the Bad & the Queen
17. Robert Wyatt – Comicopera : Pharoahe Monch - Desire
18. Amy Winehouse - Back to black : Shellac – Excellent italian greyhound
19. Panda Bear - Person Pitch : LCD Soundsystem - Sound of Silver
20. Of Montreal - Hissing Fauna, Are You The Destroyer? : Deepchord Presents Echospace – The coldest season
21. Dizzee Rascal - Maths & English : Battles - Mirrored
22. Jeffrey Lewis - 12 Crass Song : Dizzee Rascal - Maths & English
23. Cold War Kids - Robbers & Cowards : Beirut – The flying club cup
24. Me'Shell Ndegeocello - The World Has Made Me the Man of My Dreams : Elliot Smith – New moon
25. Malajube - Trompe l’œil : Fennesz + Sakamoto - Cendre