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07 junio 2013

Mi fracaso personal


Palomo cojo -versión auténtica-.
 Padre, te he fallado.

Siempre quise ser provinciano, buen cristiano y heterosexual. ¡Y ya ves! Viviendo en el extranjero, maricón perdido y no muy católico. Es ésta la esencia de mi fracaso personal, que hoy te confieso, mientras el gobierno de España, el tuyo, cuestiona que el resto de Europa sea el extranjero, le importe una mierda mi salud, y me restriegue, por mucho que los españoles sean los más tolerantes, mi condición sexual.

¡Como si en el castigo no fuera la penitencia!


P.S. Piensa, al menos, que no has tenido que verme morir -vivimos los dos-, no me he metido en una estación o en un instituto de secundaría a disparar indiscriminadamente a quienes no tienen culpa de nada, ni tienes que soportarme oyendo todo el día a los Pixies o a Nine Inch Nails encerrado en mi cuerto. Las cosas podrían ser peor.



21 marzo 2013

Doscientas veintinueve mil razones para tomar la calle


España. Marzo de 2013. La primavera viene cargada de regalos. Entre ellos, uno de 229.000 euros. Quien los recibe es Jesús Sepúlveda, histórico del aparato del PP imputado en la trama Gürtel, uno de los casos de corrupción política más importantes de la España contemporánea.

Doscientos veintinueve mil eurazos por despido improcedente para el marido de la patosa ministra de Sanidad Ana Mato -también beneficiada por la Gürtel-, un delincuente, frío y nauseabundo, que, tras su imputación, se vio forzado a dimitir allá por 2009, pero continuó ejerciendo como asesor en su partido hasta enero pasado, cuando fue cesado por sus jefes, metidos también en mierda hasta las cejas.

Doscientos veintinueve mil eurazos de despido, que conceden quienes racanean con tratamientos oncológicos para enfermos terminales y no impiden que ancianos o niños acaben en la puta calle, que contrastan de forma hiriente y dolorosa con las indemnizaciones de 20-30 días por año trabajado del homo vulgaris.

Si no son éstas doscientas veintinueve mil razones para devolverles el regalo, para tomar la calle masivamente y derribar, no ya al gobierno, sino al parlamento entero -culpable de ejercicio doloso por acción u omisión-, es que tú eres lo que eres, somos lo que somos, y ellos lo saben perfectamente. Siempre lo han sabido.

20 noviembre 2012

Blanquísimo y en Botella

Ajena al montón de mentiras, incompetencias y chanchullos, así como a las 4 víctimas mortales que rodean al caso Madrid Arena, en el que el Ayuntamiento que ella dirige -¿dirige?- tiene arte y parte...

Indiferente, al menos en apariencia, a la ola de mutilaciones a que se está viendo sometida la gente a causa de una crisis económica y financiera que la casta privilegiada a la que ella pertenece ha creado, pero no sufre...

Y al margen, por decirlo todo, de los cientos de miles de muertos iraquíes que pesan sobre las espaldas de su esposo, el ínclito y precoz falangista José María Aznar...

La ilustrísima Anita Botella, alcaldesa no electa de Madrid, presume esta semana en la revista Telva de despacho municipal -amplísimo, reluciente y con vistas a la Cibeles-, al tiempo que luce una figura, más retocada que la cara de Mickey Rourke, en donde no hay ni rastro de su celulitis galopante. ¡Y con tres trajes diferentes nada menos!

Otra grande de España.




26 octubre 2012

Fukushima se hunde: el futuro del mundo depende del reactor 4


Fukushima es el nombre de un lugar que nadie debería ignorar, aunque, por absurdo que parezca, haya gente interesada en que eso ocurra. Aun así, de uno u otro modo, oculta tras un montón de mentiras concienzudamente tejidas, la central nuclear de Fukushima Daiichi ahí sigue, día tras día, desde el pasado 11 de marzo de 2011, como un monstruo que se come la vida silenciosamente y amenaza con engullirlo todo. Al principio las noticias fluían sin freno, en consonancia con la magnitud de la tragedia, sin embargo, pasados unos meses, acabaron convirtiéndose en notas breves, superficiales y esporádicas en los principales medios de información del planeta. Sólo con motivo del primer aniversario de la catástrofe, volverían a ocupar, convertidas ya en crónicas triviales de tono compungido, las portadas de todos los periódicos. Pero fue, en todo caso, un resplandor que se apagó a los pocos días.

En todo este tiempo -19 meses-, los datos se han ido conociendo, entre cifras que bailan, valoraciones encontradas y rectificaciones, de manera confusa. Desde las dimensiones de la zona de exclusión a los años necesarios para desmantelar la central, pasando por la magnitud de las emisiones radiactivas y la prohibición o no de ingerir ciertos alimentos. Se ha hablado de soluciones como sellar las grietas, extraer las barras de combustible o parar los reactores en frío (cold shutdown), soluciones todas ellas obligadas pero no definitivas. Se ha especulado acerca de la tipología de los contaminantes liberados por tierra, mar y aire y de sus efectos perniciosos sobre los organismos... Un escenario sobrecogedor, silenciado con palabras, manejado por políticos incapaces, periodistas adormecidos y gente interesada del lobby nuclear. En diciembre, el primer ministro japonés, Yoshihiki Noda, aseguraba que se había conseguido la parada en frío de los reactores y, sólo un mes después, el ex-diplomático estadounidense Kevin Maher, con motivo de la publicación de su libro The Japan that can't decide, aseguraba que eso era una ficción.

Sea como fuere, lo sepa o no una población enfrascada en sus cuitas económicas y sumida en la inacción frente a cuestiones esenciales, la tragedia de Fukushima es un agujero, cuya magnitud real sigue sin conocerse, por donde parece escapársenos la vida. De poco vale ya seguir culpando a TEPCO (Tokyo Electric Power Company) o al gobierno nipón. ¿Tendría sentido acusar a Jack el Destripador de excesiva rudeza o al Vaticano de potenciar la superstición? Importa sólo la herencia de las generaciones venideras, abandonadas ya a un futuro prácticamente hipotecado. Si en diciembre, por poner un ejemplo, nos aterrorizaba que las cantidades liberadas sólo de cesio equivalieran a 168 bombas nucleares de Hiroshima, ahora, octubre de 2012, es la supervivencia del planeta entero lo que está en peligro. Y no es una patochada ni una alucinación. A primeros de agosto, en una entrevista que está adquiriendo notoriedad en estos días, Mitsuhei Murata, ex-embajador de Japón en Suiza lo exponía con una rotundidad aplastante [vídeo con subtítulos en inglés].



Ya en marzo pasado, Murata había declarado públicamente ante el Budgetary Committee of the House of Councilors que el edificio paralizado que alberga el reactor 4 estaba hundiéndose. Dicho edificio cuenta con una piscina de enfriamiento, situada a 30 metros por encima del suelo y sin protección -el viento se llevó el techo-, con más de 1.500 barras de combustible gastado y una radiación de 37 millones de curios (unas 460 toneladas de combustible nuclear). De continuar progresando el hundimiento (o de registrarse un nuevo seísmo), la estructura podría desplomarse afectando a la piscina común a todos los reactores (seis), de manera que, según Murata, el número total de barras de combustible sería de más de 11.000, lo que supone 134 millones de curios de cesio-137 (85 veces la cantidad liberada en Chernobyl). El resultado es fácil de imaginar: si la piscina se rompe, el combustible, al quedarse en seco, se calentará y explotará, liberando un tsunami de sustancias letales que se extendería por un área muy amplia, lo que podría ocasionar una catástrofe sin precedentes capaz de hacer inhabitable una buena parte del planeta. Hasta el momento, el edificio se ha hundido, desigualmente, más de 80 centímetros.


Semejante panorama, que TEPCO decía tener bajo control en el momento de las declaraciones de Murata y que ahora, 7 meses después, admite plenamente, dista mucho de su solución. Como se ve, la consideración inicial de nivel 7 -el más alto- para Fukushima según la escala INES, que lo convertía en el mayor desastre nuclear tras Chernobyl, empieza a quedarse pequeña, porque, si bien la liberación de material radiactivo al aire fue superior en Chernobyl -hasta el momento-, en lo que respecta al suelo y al mar las cifras resultan aterradoras en el caso japonés.

En un informe difundido en abril pasado elaborado tras una reunión con diplomáticos japoneses para tratar sobre el conflicto de las islas Kuriles, diplomáticos rusos del Ministerio de Asuntos Exteriores mostraban su estupefacción ante el hecho de que sus homólogos nipones les asegurasen que más de 40 millones de habitantes de ciudades del Este, Tokio incluida, podrían tener que ser evacuados al estar en peligro mortal por contaminación radiactiva a raíz de la tragedia de Fukushima Daiichi. De ahí la necesidad de recuperar con urgencia las islas Kuriles. Añadían, además, que China les había ofrecido sus misteriosas ghost cities para albergar a los evacuados. Más claro, imposible.

La proliferación en los 70 de la energía nuclear se había visto frenada con el desastre de Chernobyl (1986), sin embargo, posteriormente, llevadas por el deseo de obtener independencia energética, las naciones se fueron subiendo al carro de las nucleares enarbolando el argumento de que así se contribuía a combatir el calentamiento global, mientras el lobby nuclear se frotaba las manos. Así las cosas, la tragedia de Fukushima se produce cuando, con las energías alternativas al ralentí, se vive un incremento notable de la producción eléctrica de generación nuclear y países como EE.UU., Canadá, Reino Unido, Rusia, Brasil, Irán, China... planean construir nuevos reactores o remozar los viejos. Cabía pensar entonces que, ante tan dantesco escenario, cambiarían las políticas nacionales, tan decisivas para el futuro del planeta, pero, incomprensiblemente, parece que no ha sido así. Esta misma semana se ha sabido que China acaba de levantar su moratoria nuclear y se dispone a construir nuevas centrales. Quién sabe si con la intención de dar uso a sus ghost cities.

En este sentido, la actitud de Estados Unidos, un país bastante afectado por las emisiones radiactivas de Fukushima, es particularmente ruin. A primeros de abril de este año, observadores militares rusos que sobrevolaban la costa oeste detectaron cantidades de radiación sin precedentes. Por las mismas fechas, la Woods Hole Oceanographic Institution confirmaba que una ola de residuos muy radiactivos se movía en la misma dirección -lo que, por otra parte, no era algo nuevo- y diferentes científicos concluían que las algas con partículas radiactivas descubiertas en California tenían la misma procedencia. ¿Por qué entonces EE.UU. ha venido ejerciendo una censura tan férrea ante una catástrofe global que amenaza, como poco, la continuidad del mundo tal como lo conocemos? En la respuesta, probablemente, tendrán algo que ver las 31 centrales nucleares repartidas en su territorio. 31 fukushimas en potencia de las que no conviene que la población tome conciencia.

En fin. El hombre ha creado un monstruo que ahora no puede controlar y ha decidido ocultarlo con mentiras. Si este es nuestro presente, no habrá más opción que la que vaticina Stephen Hawking: o la extinción o la huida al espacio exterior. Sólo queda esperar. De momento, nuestro futuro inmediato depende de lo que pase con ese maldito reactor.

La central nuclear de Fukushima Daiichi antes del desastre
Reactores 4 (izq.) y 3
Reactor 4


25 junio 2012

La bella Valenciano y el feo de Ribéry


Sábado, 23 de junio. España se juega entrar en las semifinales contra Francia y los españoles, sometidos a la presión de un futuro negrísimo, tratan de ahogar sus penas lanzados a una orgía de patriotismo, fútbol y cerveza. De pronto, a poco del final, Elena Valenciano, vicesecretaria general del Partido Socialista, transmite vía Twitter una profunda reflexión:

En pocos minutos, la red social del pajarito empieza a echar humo por todas partes. Su comentario, deplorable desde cualquier punto de vista, resulta especialmente repugnante si tenemos en cuenta que, como apuntan de inmediato los tuiteros a la rubia senadora, Franck Ribéry sufrió, con solo dos añitos, un brutal accidente de circulación que le dejó como secuela visibles cicatrices en el rostro que él se niega a operar y que son la materia en la que se inspira la bella Valenciano.

Al principio, ella misma le quita hierro a su comentario:


Sin embargo, dados la magnitud y el tono airado de la respuesta de la gente, la insigne socialista acaba por disculparse, aunque no sin reticencias:


A partir de ahí, cada vez más acojonada por el cariz peliagudo que irá tomando la polémica, continuará pidiendo disculpas en diferentes ocasiones echando mano de burdas justificaciones y chorradas y hasta de su blog, en donde, no viéndole final a la tormenta, decide confesarle al mundo que lo que hizo estuvo mal y que se había comportado como una hooligan.
Sin embargo, de nada le han servido sus esfuerzos a la hermosa, aunque cada vez más fondona Valenciano. Todavía hoy, lunes, los medios españoles y franceses han seguido haciéndose eco de un asunto que empieza ya a tomar tintes de estado, por lo que la políglota número dos del socialismo hispano se ha sentido en la obligación de publicar un tuit en francés, presumiblemente con el feo de Ribery como destinatario último. No sea que alguien piense que al PSOE no le gustan los votantes feos.


En fin. Que se deje de anglicismos la señora senadora, porque ha quedado clarísimo que, más que hooligan, es una perfecta hija de puta. Y más falsa que Judas. Después de todo, su comentario sobre Ribery no hace sino retratar, sin ambages, al político al uso de nuestros tiempos: bajuno, ignorante, advenedizo, despreciable, mentiroso y cabrón. Se lo he dicho a ella personalmente, pero no me ha respondido.

28 mayo 2012

Apariciones marianas (I): Rajoy contra la igualdad social


En 1983, con motivo de la aparición de La desigualdad humana, polémico ensayo del notario, periodista y escritor Luis Moure Mariño, un tal Mariano Rajoy Brey, diputado de 28 años de Alianza Popular en el Parlamento Gallego, escribía en El Faro de Vigo el artículo "Igualdad humana y modelos de sociedad". Hijo de un estraperlista a quien probablemente consideraba parte de una raza superior, Moure había contribuido activamente al buen nombre del franquismo, un periodo que no dudaba en calificar de época de libertad. Ya en 1938, antes del final de la Guerra Civil, había publicado un Perfil humano de Franco. En su artículo, el joven Rajoy, deudor a lo que parece del legado intelectual de Moure, se mostraba como una suerte de experto genetista y filósofo moral que abogaba por el determinismo biológico impuesto por el código genético para defender la idea de que la desigualdad entre los individuos es un hecho natural. Tal es la idea que vertebra La desigualdad humana, en opinión de Rajoy "uno de los libros más importantes que se han escrito en España en los últimos años".

Un adolescente de talento
Existe, en suma, un instinto, una tendencia natural a ser diferente, nos dice Rajoy, que constituye la base del progreso. La desigualdad entre los individuos es un hecho y la superioridad de unos sobre otros es cosa probada por la ciencia. La "buena estirpe" -la suya, entendemos- es hábil y capaz, emprendedora y competitiva, inteligente y posee tal afán de superación que hay que considerarla la verdadera fuerza de dicho progreso. Seguro de su interpretación del mundo, don Mariano va dejando pistas sobre su ideario político -o el de su estirpe-: desde que el "huevo fecundado" es el punto de arranque de un nuevo ser humano, hasta que el deseo de igualdad es culpable de subir impuestos e igualar retribuciones. En este sentido, el socialismo y el comunismo, en tanto que modelos políticos que aspiran a la igualdad social, sólo podrían lograr, por decreto, la igualdad de la riqueza, pero jamás podrían "decretar" la igualdad de la inteligencia o el carácter. El marxismo no es, pues, sino un atentado contra el progreso, y los hechos lo demuestran: lo único que ha conseguido es igualar la miseria.

El resto ya lo conocemos. Con ideas de tan profundo calado, con tantísima altura intelectual, es fácil entender que el joven Mariano llegara finalmente a ser presidente de un país. De un país, eso sí, que hace aguas por todas partes. Más que probablemente, pensarán los de su estirpe, por culpa de la herencia recibida. O de ETA. O de Grecia.

Reproducimos a continuación el artículo del sr. Rajoy -hace tiempo accesible en red- sin más intención que contribuir a la difusión de un documento cuyo valor histórico nos parece incuestionable. Lean, lean. Y juzguen ustedes mismos.


Igualdad humana y modelos de sociedad
Mariano Rajoy Brey (1983) [pdf]

UNO de los tópicos más en boga en el momento actual en que el modelo socialista ha sido votado mayoritariamente en nuestra patria es el que predica la igualdad humana. En nombre de la igualdad humana se aprueban cualesquiera normas y sobre las más diversas materias: incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos -cada vez mayores y más progresivos-, igualdad de retribucio­nes... En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad, capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa o habilidad: sólo importa la igualdad. La igualdad humana es el salvoconducto que todo lo per­mite hacer, es el fin al que se subordinan todos los medios.

Recientemente, Luis Moure Ma­riño ha publicado un excelente libro sobre la igualdad humana que paradógicamente (sic) lleva por título "La desigualdad humana”. Y tal vez por ser un libro “desigual” y no sumarse al coro general, no ha tenido en lo que ahora llaman "medios intelectuales” el eco que merece. Creo que estamos ante uno de los libros más importantes que se han escrito en España en los últimos años. Constituye una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmación de que todos los hombres son iguales, de las doctrinas basadas en la misma y por end­e de las normas que son consecuencia de ellas.

Ya en épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de "buena estirpe” superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas "Leyes" nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino des­de el propio de la fecundación. Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado -punto de arranque de un nuevo ser huma­no- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen de forma matemática de suerte que las células hijas reciben exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas con­tenido en las células del cuerpo, uno sólo pasará a la célula genera­triz, el paterno o el materno, de ahí el mayor o menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural de hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades huma­nas: en él se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas: salud, color de los ojos, pelo, corpulencia... hasta las lla­madas psíquicas, como la inteli­gencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios. Y buena prueba de esa desigualdad origina­ria es que salvo el supuesto excepcional de los gemelos univitelinos, nunca ha habido dos personas iguales, ni siquiera dos seres que tuviesen la misma figura o la mis­ma voz.

Esta búsqueda de la desigualdad tiene múltiples manifestaciones: en la afirmación de la propia personalidad, en la forma de vestir, en el ansia de ganar -es ciertamente revelador en este sentido la referencia que hace Moure Mariño al afán del hombre por vencer en una Olimpiada, por batir marcas, records...- en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoracio­nes, títulos nobiliarios desprovis­tos de cualquier contrapartida eco­nómica... Todo ello constituye de­mostración matemática de que el hombre no se conforma con su rea­lidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y ade­más un mejor bien ser, de que, en definitiva, lucha por desigualarse.

Por eso, todos los modelos, des­de el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predi­can la igualdad de riquezas -porque como con tanta razón apunta Moure Mariño, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden "Decretar"- y establecen para ello normas como las más arriba citadas, cuya filosofía última, aun­que se les quiera dar otro revestimiento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contra­rios a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso y por ello, aunque se llamen a sí mismos "mo­delos progresistas", constituyen un claro atentado al progreso, por­que contrarían y suprimen el natu­ral instinto del hombre a desigua­larse, que es el que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos, que la imposición de esa igualdad relajaría a cotas mínimas al privar a los más hábi­les, a los más capaces, a los más emprendedores... de esa iniciativa más provechosa para todos que la igualdad en la miseria, que es la única igualdad que hasta la fecha de hoy han logrado imponer.


21 marzo 2012

10 tuits de febrero

17 marzo 2012

Copago, muerte de las ideologías y neolengua

Todo se vende. Cualquier iniciativa es bienvenida. No hay estrategia que no se dé por buena si prolonga el negocio un poco más. En nombre de la crisis, hasta nos parece razonable que se grave la enfermedad con un impuesto.

Cuando murieron las ideologías -mejor sería decir morían-, pareció por un tiempo, qué estupendo, que por fin el individuo, fuera de la disciplina del grupo y de la tiranía de la "coherencia", tomaría las riendas de su propia existencia social. Pero no duró mucho esa percepción. Pronto se vio que todo era un fiasco, un desastre que llevaba a otro mayor: una sociedad convertida en un sálvese quien pueda inmisericorde con el apoyo inestimable del poder de la neolengua. La mentira, la deformación del lenguaje y la desvinculación de la expresión y el contenido entre sí y de ambos con la realidad encontraron un magnífico caldo de cultivo en individuos desclasados y desarmados por la necesidad. La muerte de las ideologías, en definitiva, solo habría funcionado con individuos libres, críticos y racionales.

La imagen del 'conservador' Álvarez-Cascos prometiendo [en realidad, inyecta miedo] que si le votan a él [él dice a su partido, Foro Asturias] y es elegido presidente, no habrá copago [se debería decir repago], refleja exactamente toda esa desesperanzadora realidad. Hace unos días, decía el 'socialista' José Antonio Griñán, otro personaje que también aspira a presidente, que a las clases altas -los poderosos- la crisis les resbala porque ellos cuentan con un patrimonio que los mantiene al margen, mientras que las clases medias [no dice bajas, pobres o indigentes por no quebrar los preceptos neolingüísticos] solo tienen como patrimonio la sanidad y la educación públicas. Esto, que no deja de ser absolutamente cierto, lo sabe y lo utiliza muy bien Cascos, que no es ni mejor ni peor que todos los demás, sino simplemente nefasto, cuando busca el apoyo de las clases más bajas ofertando el rechazo al copago, una medida puntual progresista contraria a la de sus adversarios políticos, con quienes ha compartido y comparte ideología, siendo, como es, un poderoso.

Eso, en oldspeak, se llama perversión. Perversión del fondo y de la forma.


12 marzo 2012

Nanopartículas: el aire envenenado de Roma


Robos, agresiones, violaciones, violencia neonazi, vandalismo tifoso, conducción criminal, desprecio por el bien común, contaminación acústica, desorganización, suciedad... Entre el sinfín de inconveniencias, desgracias, conflictos y delitos que amenazan la vida de quien vive en la ciudad de Roma, hay algo que, probablemente por su fuerza expansiva y su vigorosa capacidad de afectación, resulta más inquietante que todo ello: el aire que se respira, un aire que destaca entre los más nocivos de Europa. Sin embargo, cualquiera que conozca el abandono y el caos organizativo que caracterizan a esta ciudad en todos los órdenes posibles de la existencia, podrá entender fácilmente que el problema de la calidad del aire, a pesar de su incuestionable trascendencia, no tenga una especial consideración.

El poder invasivo de las nanopartículas
Los datos que suministran, entre otros, el portal Epicentro -del Centro Nazionale di Epidemiologia, Sorveglianza e Promozione della Salute-, el proyecto europeo Aphekom o el italiano EpiAir no dejan lugar a dudas. Cada año se atribuyen a los efectos de la contaminación de la ciudad eterna más de mil muertes seguras por cáncer y patologías agudas y crónicas del aparato respiratorio y cardiocirculatorio. Pero poco importa. A pesar de todo ello, a pesar de la recurrente presencia del sintagma polveri sottili en las portadas de los grandes diarios italianos, las autoridades siguen mirando a cualquier parte menos adonde deben. Y es que por mucho que los organismos competentes estén por ley obligados a controlar las partículas en suspensión o nanopartículas que envenenan el aire y a adoptar las medidas pertinentes, esa ley de ámbito europeo (directiva 2008/50/CE) en Italia no es más que un brindis al sol de consecuencias trágicas. Por lo general, se tiende a ignorar el impacto devastador que tienen sobre el ser humano estas sustancias (PM10, PM2'5, PM1, PM0'1...), pero son elementos, tan letales como extremadamente sutiles -el número hace referencia a su diámetro en micromilímetros-, capaces de penetrar en los tejidos, desde la faringe a los alvéolos pulmonares, llegando a alterar las mismas células. Si, por poner un caso, nos centramos exclusivamente en el PM10, se puede ver cómo la normativa fija un umbral máximo de concentración en aire de 50 µg/m³ diarios que no debe superarse más de 35 días al año, cuando, por desgracia, los datos suministrados por la Agenzia Regionale per la Protezione Ambientale (ARPA) revelan que en 2009 fueron 67 los días en que se superó ese límite, 50 en 2010 y más de 63 en 2011.

Desconozco, en ese sentido, el éxito que pueda estar obteniendo la iniciativa Roma sotto smog que la asociación Codacons puso en marcha en diciembre pasado con el fin de exigir a las autoridades romanas que tomen las medidas necesarias y reclamar una indemnización por los daños causados, pero lo que sí puedo asegurar es que hoy, 12 de marzo, mientras voy caminando, el aire resulta, en unas zonas más que en otras, absolutamente irrespirable. Un día, paradójicamente, en que la calidad del aire parece ser aceptable según la consideración de la web La Mia Aria. Si es así, ¿qué será de nosotros el próximo viernes, para cuando esa misma página nos recomienda permanecer en casa?

Mientras sigo mi camino, medio asfixiado, por el centro de la ciudad, no puedo dejar de pensar, una vez más, que los políticos italianos, como tantos otros de otras latitudes, no sirven absolutamente para nada.
 
Coche, fábricas, calefacciones: Roma bajo el "smog"

21 febrero 2012

Primavera valenciana


Policías agresivos que aporrean sin control al enemigo. Estudiantes enarbolando libros que claman por los derechos que les ha robado la cleptocracia gubernamental que un pueblo estúpido y casposo ha elegido en las urnas. Primavera valenciana en mitad del invierno. Vergüenza de España.

Volando en todas direcciones, las hostias corren consagradas por la guardia de corps de un gobierno, ultraconservador y parafascista, que la prensa orgánica encubre en gran medida. Y siempre a los mismos. Cuando los estudiantes del I.E.S. Lluis Vives pedían calefacción, no era a esto a lo que referían.

Así las cosas, a la espera de que saquen los tanques, yo también soy el enemigo.

21 noviembre 2011

Un objeto inanimado llamado Zapatero

I Pity Inanimate Objects by Godley and Creme on Grooveshark

I pity inanimate objects, because they can't move.
From specks of dust to paperweights or a pound note sealed in resin.
Plastic Santas in perpetual underwater snowstorms.
Sculptures that appear to be moving, but aren't.
I feel sorry for them all.
"I pity inanimate objects", Godley and Creme (1979)

Ahí sentado, como una escultura que parece moverse, siento, para mi sorpresa, una profunda lástima por él. Qué difícil imaginar ahora que por las venas del joven leguleyo corrió una vez sangre caliente, cuando hoy, atrapado entre la mirada de Duchamp y su propia anodinia, no aspira sino a la revolución de los objetos. ¿Qué piensa cuando llega a un lugar? ¿Se siente frustrado al irse? ¿Suspiran acaso decepcionados esos ojos vidriosos?

Pervive aún en la retina su figura carismática elevándose sobre un charco de sangre dispuesta a defender las nobles causas como el Pantocrátor de una izquierda difusa. Aspirante a entrada de la Enciclopedia de la Historia Universal por la vía rápida, rescató a las tropas del infierno iraquí y tendió la mano a homosexuales, a mujeres sometidas, a ancianos, a inmigrantes e incluso a terroristas de buena voluntad. Cualquier desfavorecido tenía un sitio en el arca de la Alianza de las Civilizaciones nacida de su inspiración excepcional. Y por si no cabían todos, prometió 8.000 viviendas cada año, así como una enseñanza posmoderna y bilingüe como punto de arranque para el entendimiento universal. Con alguna excepción -Bush, la Santa Madre Iglesia, el PP y la Asociación de Víctimas del Terrorismo-, todo el mundo parecía hallar un poco de esperanza en aquel iluminado nieto de republicano sublevado y muerto que se había esforzado en librarse de la mili a base de prórrogas de estudio. En una nación de políticos penosos, o peor, todos suspensos, solo él se movía en el aprobado. Quizás por eso, por subirle nota y lograr su reelección, fue por lo que nació la P.A.Z. con el apoyo de Serrat, Almodóvar, Sabina, Víctor Manuel y su señora, Miguel Ríos, Concha Velasco, Núria Espert... y hasta Barenboim, Saramago, Carlos Fuentes y Ángel Gabilondo. Los de la ceja. Sin embargo, precisamente, sería esta adscripción ciliar la que marcaría el final de sus años dorados.

Reelegido en 2008, una crisis galopante y profundísima, que solo admitió a toro pasado, trazó el bucle fatídico por el que ZP habría de precipitarse hasta su actual condición vegetativa. Ante las consecuencias devastadoras del ladrillazo, los desempleados en plena explosión demográfica y el consumo y el PIB en caída libre, las tibias e inútiles medidas que adoptó no hicieron sino masacrar a aquellos desfavorecidos que había querido galvanizar, dando al traste con su vocación mesiánica. No sólo banqueros, empresarios y nacionalistas, sino también sindicatos, viejos amigos y una izquierda perpleja ante su inconsistencia ideológica, terminaron sumándose al deseo de exterminio de su enemigo declarado. No pasaba un día que no fuera zaherido en la plaza pública. Sampedro lo acusa. Cebrián lo deslegitima. Gabilondo lo afea. Reverte lo despelleja. El despropósito fue tan dramático que toda la sociedad, abandonada a su suerte entre cheques bebé, ministras preñadas y cruentos e injustos sacrificios, terminó dándole la espalda, mientras él, caballo en cacharrería, perdido en automatismos gestuales e impostaciones discursivas, sufría y languidecía en un rincón de su cerebro.

Incluso más allá de las fronteras españolas, donde por un tiempo, amparado en el filtro que impone la distancia, fue patrón de esperanza para progresistas e intelectuales, José Luis I el Monolingüe fue cayendo en desgracia. Lo vemos en Italia, en donde la expresión alla Zapatero, sinónimo de "buen gobierno", ha caído en desuso. Tampoco el documental de Sabina Guzzanti Viva Zapatero!, titulado así para poner de relieve la escasa libertad de expresión de los italianos aunque nada tuviera que ver con ZP, resulta hoy imaginable. Así, en el referéndum de junio pasado, la ocurrencia del movimiento derechista Popolo di Roma de asociar en sus carteles a Zapatero con el "izquierdista" Zingaretti, en tanto que representantes de la política alla Zapatero a erradicar, resultó nefasta. El PDR ignoraba que donde ZP, convertido ya en cenizo interestelar, posaba la mirada, no crecía la hierba. Ni qué decir que el resultado fue un descalabro para la derecha que culminó hace unos días con la dimisión de Berlusconi.

En su imparable deambular hacia la extinción, incluso sus compañeros fueron abandonándole. Desde las purgas iniciales de viejos camaradas de partido a su inoperante proceder en la tempestad de los mercados, pasando por la creación de cargos pintorescos, su mundo afín devino un sálvese quien pueda en el que sus más allegados empezaron a esconderlo en un intento de reducir la magnitud de un fracaso mayor que hoy sabemos inmenso.

Su apostolado, en suma, ha marcado la senda que ha conducido al socialismo español al coma histórico, a España a la ruina y a él mismo a la cosificación y al abandono. Sin embargo, viéndolo ahí, ahogado en la tristeza, convertido en un ente inanimado a punto de extinguirse, recuerdo I pity inanimate objects, la canción de Godley and Creme, y querría preguntarle si acaso cree que el oro de Fort Knox es un oro feliz o si hay otra opción para el azúcar que una taza de café o una de té. Me gustaría decirle, en fin, que comprendo las frustraciones de ser inanimado, y que la física es injusta, pero ya no me escucha. Animales, plantas, hongos, moneras y protistas, nadie quiere acercársele. Solo yo parezco sentir lástima por él.


Peppercorns don't move
until they contaminate the ice-cream
three weeks later.
Is the gold in Fort Knox happy gold?
I care about these things.