zzzahara – Distant Lands (2026)
Hace 3 horas
Es muy de mañana y avanzo penosamente rompiendo la sucia niebla de la A-2 con una señora gorda que habla sin parar en el asiento trasero. Yo no la escucho. Ando medio catatónico desde que fui el domingo con mi familia al cine. Total: más de 60 euros. Un exceso suicida para quien jamás llegaría a final de mes de no ser por las ofertas de productos mierdosos de los supermercados.
A fin de cuentas, me voy diciendo mientras la señora sigue hablando, la vida es lo mismo de siempre: una cruzada imposible de agradecidos frente a miserables. Los 250.000€ anuales de Teddy Bautista. Los doblesueldos de Aznar y del compañero Isidoro. Mi cuñado en el paro. La cara de jesuita de Montilla y la gorda de atrás en bañador. Las imágenes se agolpan en mi cabeza mientras los primeros rayos de sol me van deslumbrando por momentos.
Hacerme con toda la música que grabó Miles Davis para Columbia no sería un imposible, y me metería buena coca y alcohol mientras la escucho. Probablemente, ahorraríamos incluso un buen dinero que podríamos colocar en algún paraíso fiscal.
Santiago Sierra me acaba de dar una grandísima alegría. El artista madrileño ha rechazado el Premio Nacional de Artes Plásticas de este año a través de una carta dirigida a Ángeles González-Sinde. Verdaderamente nos llena de satisfacción, dada la profunda aversión que sentimos hacia la ministra de cultura en tanto que tal, alguien que no es sino una infiltrada del mundo del cine manejando partidas presupuestarias, juez y parte interesada como demuestran los muchos millones de euros que ella misma ha recibido en su etapa preministerial [véase la contundente entrada que dejó Enrique Dans en su blog el pasado lunes, 1 de noviembre: Cine español: fraude y corrupción].He aquí la carta de Santiago Sierra:
Fueron llegando desde primeras horas de la mañana de un Madrid ya medio aderezado para los faustos navideños que perciben inhóspito. En oleadas, hermanados en la causa común, incultos parahorteras (Antonio Carmona, Rosario, Chambao, Felipe Campuzano, Camela, Malú, Tamara), cantantes átonos (Loquillo, Kiko Veneno), fondones carrozones (Aute, Amancio Prada, Marina Rosell, Peret, Luis Pastor), simpáticos payasos (Bunbury, Martirio), economistas cantantes (Alejandro Sanz, Anita y Víctor, Ana Torroja), células militantes por la destrucción de las ideas (Jaula de Grillos, Pereza, Celtas Cortos, El Canto del Loco, Estopa, La Oreja de Van Gogh, Sidecars), productos basura (Edurne, David de María, Chenoa, María Villalón, Virginia, Merche...)... y así hasta 300, se fueron congregando delante del Ministerio de Industria para hacerle llegar al ministro Sebastián su manifiesto, un manifiesto avalado por 2.500 firmas, encabezado por un lema largamente pensado: La música es cultura. La música es empleo.
Y todo ello un día después de que ayer, 31 de noviembre, se hubiera dado a conocer una modificación del artículo 34/2002 del 11 de julio y el real decreto 208/1996 del 9 de febrero acerca de la regulación de la información y de la propiedad intelectual frente a la piratería en la red según la cual el Ministerio de Cultura puede ahora solicitar a las operadoras identificar a los delincuentes que se apropien de productos culturales con copyright.
Obsérvenlos. Él es Miguel Bosé, otrora efebo y hoy, más que cantante, un don Pantuflo bien hablado en su bata de cuadros. Ella, embutida en ese artefacto rosa sobre pantorras suficientes, es Ángeles González-Sinde: guionista, directora, hermana de productor, heredera de la Academia fundada por papá y hoy ministra de cultura y pareja de Ray Loriga, escritor, cineasta y ex-compañero de la carismática Christina Rosenvinge, quien primero lo dejó con Álex para estar con Ray y ahora destroza sin ruborizarse la carrera musical de Nacho Vegas, su pareja actual.