26 abril 2011

La beatificacion de Juan Pablo II: Roma en éxtasis

Ayer fue fiesta en Italia. Doble fiesta. La Pasquetta o lunedí dell'Angelo y el LXVI Aniversario de la Liberación. Una te invita a quedarte en casa a comer en familia. La otra te empuja a la calle a manifestarte -razones hay-. Yo opté por salir a echar un vistazo.

Apenas crucé la puerta, la primera brisa de aire me acercó el comentario de uno que pasaba: Cazzo, sembra più Natale di Pasqua. È vero, dije yo. El cielo no era el divino cielo preñado de luminosidad que se le presupone a una ciudad eterna en fechas como estas. Era un día gris y ventoso en el que más que llover, había llovido y cientos de miles de cacas de las decenas de miles de perros de Roma, disueltas, se extendían por las ruinosas y desangeladas aceras encharcadas. Parecía, en efecto, un día navideño: todo cerrado, casi nadie por la calle y, además, alguien a punto de nacer en lugar de morir o, a lo sumo, resucitar, como sería lo propio de la Pascua. Y es que el nacimiento de San Juan Pablo II a partir de las cenizas de Karol Wojtyla, cuyas capacidades milagrosas, entre otras, parecen más que probadas, tendrá lugar el próximo domingo, 1 de mayo. Un espectacular y milimétrico montaje el de la beatificación de Juan Pablo II, con todo vendido hace ya tiempo a pesar de que los precios han subido un 300%. Así que, en ese momento, sin saber muy bien de dónde me venía la necesidad, enfilé hacia el Vaticano buscando las señales de un acontecimiento que promete convertir una urbe caótica en un caos supino y proverbial. Porque qué es dios sino verbo, aunque ahora se conjugue en polaco.

Por Monteverde, si bien no en exceso, se iban viendo cada poco carteles y autobuses con la cara del superhéroe eslavo informando del evento inminente. En el Trastevere, por el contrario, todo seguía su curso habitual: olores a comida y tabaco, tiendas abiertas, restaurantes y baretos atestados, músicos por la calle y gente bebiendo y comiendo a la intemperie. La liturgia trasteverina sólo se rige por su propio catecismo. Sin embargo, a medida que me iba alejando, los ecos paganos volvían a ser sustituidos, con fuerza redoblada, por la epifanía del nuevo Advenimiento de San Juan Pablo II el flagelante. Cuando llegué por fin a Via della Conziliazione, al fondo el Vaticano, todo era gente variopinta y multiétnica, autobuses de doble piso rebosantes, pizzerías y restaurantes ruidosos, autoportantes supermercado regentados por dependientes hindis, librerías monoteístas, tiendas de souvenirs... Broches, escapularios, rosarios, estampitas, monedas, bufandas, banderines, gorras, camisetas... Un casino estratégicamente vigilado por furgonas de policía. Y así hasta la mismísima Piazza di San Pietro.

San Pedro era un hervidero humano del que sólo sobresalía su obelisco central. Miles de cámaras ametrallaban cualquier punto del espacio posible. Clic, clic, clic... Apenas había zonas vacías en la impresionante superficie. A mi izquierda, en una pantalla gigantesca, se proyectaba la vida, viajes y milagros -hasta 251 se le atribuyen- del gran Karol Wojtyla. Las imágenes se sucedían sin solución de continuidad con breves subtítulos en 6 lenguas distintas: en Corea, en Grecia, en España, en Colombia, en Paraguay... con huérfanos, con ortodoxos, con ancianos, con musulmanes... dando de comer a un niño, dejándose abrazar por un pobre, mirando con tristeza el horizonte, oyendo con dulzura... La gente que pasaba se iba agolpando frente al monitor. Dos jóvenes grunge se pararon a mi lado, dieron la última calada del canuto y se cogieron de la mano, mientras observaban, absortos, las imágenes. Luego se miraron y se besaron sin complejos. ¿Quién queda por saber que ese hombre de ahí con cara de bueno, que hacía turismo por el mundo, no mostraba embarazo por moverse en un coche ridículo, dirigía un negocio impresionante y decía lo que es bueno y lo que no, no es un santo ya antes de ser siquiera beatificado?

En este punto, me puse yo también a sacar fotos. Enfoqué, al fondo, los portales de la basílica, la puerta Filarte y la ventana en la que tantas veces vimos con angustia a un Wojtyla con parkinson. En las valladas escalinatas de delante se veían macizos de flores de colores, sobre todo amarillas, anunciando los fastos inminentes. La multitud se movía de forma imprevisible y aparecia y desaparecía a diestra y a siniestra del visor de mi cámara y casi me mareaba. Dirigí, entonces, el objetivo hacia los soportales de la derecha. Por allí, un río humano, lenta y pesadamente, avanzaba en fila, tickets en mano, para entrar en la basílica y los museos vaticanos. Todos parecían contentos o, cuando menos, transidos de alguna suerte de bondad. Una mujer me avisó de que se me había caído la cazadora y la recogió y me la entregó con gesto suave. Me puse entonces a hacer algunas anotaciones en mi cuaderno en el centro de la plaza y sentí que alguien me observaba con sana curiosidad hacia ya un tiempo. Lo miré al fin y me sonrió dulcemente, al tiempo que una pareja se besaba candorosamente contra el obelisco.

No me hallaba. Yo no pintaba nada en aquel cuadro. Debía ser el único hijo de la gran puta que no sólo no se creía nada de todo aquello, sino que, además, creía que cualquier tarea de reconstrucción tendría que empezar por demoler el Vaticano. Me fui de allí de inmediato por respeto a tanta buena gente.


















13 abril 2011

Youcat: Nuevo Catecismo Católico

Estoy tumbado oyendo la radio en Villa Sciarra, a pocos minutos a pie del Vaticano. Medio adormilado bajo un sol de justicia casi divina, me parece que hablan de un nuevo catecismo para la juventud, pero no me entero. Me incorporo y escribo "nuevo catecismo católico" en Google. Aparecen los primeros 10 resultados. El primero es la página que el homónimo grupo punk vasco tiene en Myspace. Tras dos décadas de trayectoria musical cuenta con títulos como Puedes caminar encima del agua, Los ángeles, Aquí llega dios o Esta vida apesta... Por un momento creo haber identificado la noticia, pero en cuanto me topo con el término Youcat (síntesis de Youth Catechism), sé que es eso lo que andaba buscando.
 
Youcat, que ni se refiere, obviamente, a los punkis donostiarras ni se trata de una alternativa a youtube, es un nuevo catecismo dirigido a los jóvenes elaborado sobre la base del universalista Catecismo de la iglesia católica de 1997. La brillante idea de hacer un catecismo ado surgió de la iniciativa del papa Wojtyla y ha sido impulsada hasta su conclusión por el papa Ratzinger, mientras que Christoph Schönborn, hijo de nobles y arzobispo de Viena, se ha encargado de su edición. Ya en las librerías desde el 30 de marzo y con 14.000 ejemplares vendidos, la obra, que se ha presentado hoy en la Santa Sede, ha sido traducida a 13 lenguas y podrá leerse en smartphones e iphones.

El nuevo catecismo, que cuenta con un prefacio firmado por el mismísimo Benedicto XVI, se plantea a corto plazo como vademécum para los jóvenes que acudirán a la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Madrid los días 16 y 21 de agosto, para lo que ya han sido distribuidos en torno a un millón de ejemplares. Sin embargo, su meta última no es otra que convertirse en una herramienta indispensable para la resolución de cualquier pregunta, zozobra, contradicción o encrucijada existencial que pudiera perturbar al joven en su vida terrenal, ayudándole a saber, según las propias palabras de Benedicto XVI en el prólogo, en qué consiste la verdad de la vida. Sintético y breve en su redacción y de factura alegre, a lo largo de sus 300 páginas se sucede un patrón constante (pregunta, respuesta y comentario) en torno a temáticas amplias que van de lo metafísico trascendental a lo material y lo antropológico, desgranadas con toda la complejidad que exige el mundo moderno, pero expuestas con un utilitarismo y simplicidad tales que el joven satisfará, sin duda, ese deseo de luz que, en su camino hacia esa verdad, reclama.

Sus 527 preguntas conforman un impresionante fresco holístico de los diferentes planos de la existencia humana y muestran el imponderable -¿inasible? ¿innominable?- fruto del trabajo desarrollado por algunos representantes de los representantes de dios aquí en la Tierra. No hay nada que escape al ojo crítico de dios: sexualidad, familia, ciencia, política, economía, consumo, medicina, derecho, justicia social, trabajo, ecología, moral... y religión. Veamos algunos ejemplos que tomo de la versión en papel de La Repubblica:
 
¿Qué es el pecado? Es una palabra, hecho o intención con la que el hombre transgrede consciente y voluntariamente el orden de las cosas previsto por dios.
¿Qué son los ángeles? Son criaturas puramente espirituales dotadas de intelecto y voluntad. No son corpóreos, ni mortales, ni, por lo común, visibles.
Si Dios lo sabe todo y puede hacerlo todo, ¿por qué no impide el mal? Dios permite el mal sólo para que pueda surgir algo mejor. [comentario: El mal del mundo es un misterio oscuro y doloroso... La muerte y la resurrección de Cristo nos enseña que el mal no tenía la primera palabra y que tampoco tendrá la última; del peor mal dios ha hecho brotar el mejor bien, y nosotros creemos que con el Juicio Universal dios acabará con cualquier injusticia.]
¿Qué pasará cuando el mundo se acabe? Con la llegada de Cristo habrá un cielo y una Tierra nuevos.
¿Hay contradicción entre fe y ciencia? No existe una contradicción insoluble entre fe y ciencia, porque no puede haber una doble verdad. [comentario: No hay una verdad de fe que pueda competir con la verdad científica. Sólo hay una verdad a la que se refieren tanto la fe como la racionalidad científica. Dios ha querido la razón, con la que podemos reconocer las estructuras racionales del mundo, al tiempo que ha querido la fe...]
¿Cuál es la importancia del domingo? Si el domingo es ignorado o abolido, todos los días son laborables. El hombre, que ha sido creado para la alegría, se transforma así en animal de carga potencialmente esclavizado por el consumismo.
¿Puede un cristiano jugar en bolsa o en internet? Puede jugar mientras quede en el ámbito normal de las reglas de la Hacienda Pública y no contradiga otras reglas morales.

La precisión alcanza tal extremo, que ayer fue momentáneamente retirada la versión italiana del Youcat, porque en la pregunta 420, referida al uso de anticonceptivos, se deslizaba en algún enunciado la posibilidad de poder usarlos. No existe, pues, la menor duda acerca de cuál es la férrea filosofía que los conduce. De ahí que se llegue incluso a aconsejar la desobediencia civil si fuera necesario:

¿Cuándo es necesario negar la propia obediencia al Estado? Nadie puede seguir disposiciones que provengan del Estado que contradigan las leyes divinas.

Llegados a este punto, me viene al recuerdo la figura de Darwin, quien, profundamente creyente y educado en el creacionismo, se veía incapaz de publicar el resultado de sus investigaciones, no ya porque ello lo obligaba a abandonar la religión, sino, además, porque podía hacer daño a sus seres queridos, su mujer entre ellos. Sólo veintitantos años después, la posibilidad de que el joven Alfred Russell Wallace, que había llegado a conclusiones similares a las suyas y estaba a punto de mandarlas a la imprenta, se le adelantase, le llevó a publicar El origen de las especies. Lo que ocurrió después ya lo conocemos.

¿Tendremos al final nosotros la suerte de Darwin? ¿Conseguiremos escapar, nosotros, nuestros hijos, de la visión tenebrosa, alucinada y demencial de los representantes de dios? Lo tenemos difícil. No parece que haya psiquiátricos para tanto loco ni cárceles para tanto delincuente.

30 marzo 2011

Cesio, yodo, plutonio: nuevos conocidos

Estamos tomando en préstamo el capital ecológico
de las generaciones futuras
sabiendo perfectamente
que no estamos en condiciones de poder restituirlo.
Informe Brunland
ONU, 1987

En estos días, asistimos, entre expectantes y aterrados, a cualquier información sobre la evolución de la central nuclear de Fukushima y sobre los riesgos que puede suponer para la población, no ya japonesa, sino mundial, la liberación de sustancias radioactivas. Muchos conceptos hasta ahora poco asumidos o desconocidos empiezan ya a resultarnos familiares y sentimos un sudor frío cada vez que empezamos a leer un nuevo artículo de prensa. Sin embargo, a pesar de la inconmensurable magnitud de la catástrofe que se vive en Japón -que, de paso, nos refresca ciertos pasajes de la historia reciente y nos dice que el de la energía nuclear no es un asunto que sólo incumba a una nación-, hay quienes no muestran la más mínima intención de dar carpetazo a esta fuente de energía con aspecto de monstruo incontrolable. Fukushima, por otra parte, evidencia una vez más el lastre que supone para el mundo el modelo de político actual, que lejos de mejorarlo, lo está llevando hacia su más absoluta degradación. Así, mientras Sarkozy se limita a decir que cerrará aquellas centrales que no pasen los controles de resistencia -¿resistencia a qué?-, el plutonio hace ya días que ha hecho acto de presencia en esta pesadilla a la que no se le ven visos de acabarse. Y hoy el yodo se ha elevado de forma alarmante en el agua marina.

Algunas consideraciones, aparecidas en el Nouvel Observateur de ayer, de Patrick Gourmelon, director del IRSN (Institut de Radioprotection et de Sûreté Nucléaire), sobre la verdadera naturaleza de los elementos radiactivos que se están liberando a la atmósfera y el mar en estos momentos ponen de manifiesto cómo es ese monstruo, incontrolable e invisible, imperceptible y silencioso, que, precisamente por ello, lo parece menos, aunque esté hipotecando el futuro de las generaciones venideras. El profesor Gourmelon, en el breve artículo que a continuación extractamos y traducimos más o menos libremente, contempla diferentes variables a la hora de valorar el riesgo de exposición (trabajadores de la central, población vecina y población distante) en relacion con los tres elementos principales que se estan liberando en Fukushima: plutonio 239, yodo 131 y cesio 134. Lo vemos.

El plutonio, que ha sido detectado en torno a la central de Fukushima, es un elemento muy pesado, no volátil, que se extiende por los alrededores del lugar en el que se libera, unos pocos kilómetros como máximo. En Chernobil, donde un incendio agravó la situación, el plutonio se extendió muy localmente y sólo los operarios que intentaron controlar la catástrofe se vieron expuestos. De radiación extremadamente tóxica, el plutonio es un emisor alfa. Una simple hoja, o la misma piel, pueden frenar su radiación, por lo que sólo es peligroso si penetra a través de una herida, una quemadura o por inhalación en el organismo. Los trajes del personal técnico evitan la contaminación. El poder radiactivo del plutonio 239, que se reduce a la mitad sólo cada ¡24.000 años!, aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón o cáncer óseo. Un tratamiento por vía intravenosa a base de DTPA permitirá evitar que el plutonio se fije al hueso.

El yodo 131 es extremadamente volátil, por lo que, frente al plutonio, puede alcanzar, en forma de gas o de aerosol, a poblaciones muy alejadas de la central emisora. En pequeñas dosis, apenas cuantificables, ya ha sido detectado incluso en Francia [y en España, Italia, Reino Unido... y hasta en Nueva York]. Su actividad radiactiva de divide por dos cada siete días y a los 2 meses de su emisión ya ha desaparecido. El yodo afecta específicamente a un órgano, el tiroides, y a una población, los niños. La ingesta de yoduro de potasio evitará la fijación del yodo 131 en la glándula tiroidea.

El cesio 134, en forma de aerosol, es igualmente volátil y puede llegar muy lejos. Si el desastre de Fukushima se prolonga [también se ha liberado cesio 137], podrá ser detectado en Francia. En el medio ambiente la actividad de sus radiaciones se reduce a la mitad cada 30 años, mientras que en el organismo esta misma reducción se produce cada 100 días -cosa que no deja de sorprender al profesor Gourmelon en tanto que reflejo de la resistencia del organismo-. El cesio 134 puede provocar leucemia y ciertas clases de cáncer. No existe ningún tratamiento específico, pero si la contaminación es muy alta, se puede suministrar bleu de Prusse (azul de Prusia), que impide su absorción por el intestino, aunque sólo elimine una tercera parte.

En lo que atañe a las poblaciones distantes del lugar de la fuga, sólo el yodo y el cesio, ambos volátiles, pueden inquietar verdaderamente. Por contra, los trabajadores de la central nuclear pueden verse expuestos a todos los elementos de fisión; no solo al plutonio, sino también al estroncio, un elemento muy pesado que queda depositado en zonas adyacentes a la fuga provocando una aumento del riesgo de contaminación que, no obstante, no implica necesariamente una patología derivada de dicha contaminación. Igualmente, aunque los elementos radiactivos liberados disminuyan su actividad con el tiempo, no dejan de ser peligrosos para la salud, pero lo son menos. En una situación de crisis como la actual, el principio de crisis deja de actuar y hay que sustituirlo por el principio de realidad [léase realismo].

No hay más que decir. Si acaso, observar las imágenes.

29 marzo 2011

Aguas radiactivas, peces envenenados y hombres enfermos

Parece que la central nuclear de Fukushima es una bomba de relojería que está muy lejos aún de ser desactivada. La marcha de los acontecimientos es cada vez más preocupante. La situación de los reactores mantiene en ascuas a media humanidad y los organismos y el gobiernos japoneses naufragan con cada nueva contrariedad en la que empieza a parecer una situación jamás vista antes. A las altísimas dosis de radiación emitidas a la atmósfera en los últimos días, se añade ahora el hallazgo de trazas de plutonio en el suelo de Fukushima y la contaminación de las aguas del Pacífico y, por ende, de los seres que las pueblan. Se ha detectado, por ejemplo, yodo 131 en las algas de la costa pacífica de Canadá.
Traducimos por segunda vez las reflexiones de Ernesto Burgio, investigador del ISDE Italia (International Society of Doctors for the Environment
), en una entrevista en la que habla de todo ello, dirigiendo la mirada, como experto en daños derivados de la contaminación en seres humanos, a lo que a todos en verdad nos preocupa: los efectos nocivos de la radioactividad en los seres vivos. Su relato resulta siempre inquietante y en muchos momentos sencillamente aterrador, pero conviene mirar de frente a los ojos del monstruo que estamos creando y que, aún ahora, hay quienes se empeñan en seguir alimentando.

Fukushima contamina, además del aire, el agua del Pacífico. ¿Eso implica que se contamina también la cadena alimentaria?
El problema al que nos enfrentamos en los últimos tiempos es el siguiente: ¿los modelos que solemos usar para evaluar el daño real sobre las poblaciones directa o indirectamente expuestas a las radiaciones ionizantes siguen siendo válidos, o estamos usando modelos obsoletos que son insuficientes? Este es el punto de partida. Cuando nos enfrentamos a un accidente de grandes dimensiones (y éste ya casi se acerca al de Chernobyl) es necesario abordar el problema en dos direcciones: hay población directamente expuesta y población indirectamente expuesta. Y esta, por ejemplo, puede contaminarse a través de la cadena alimentaria.
Uno de los problemas esenciales que hay que abordar es cuántos radioisótopos como el cesio 137, que permanece mucho tiempo en las cadenas alimentarias, provienen realmente de los reactores que se han visto dañados. Esperemos que no lleguen a la fusión definitiva, porque, de lo contrario, se producirá una liberación masiva de radioisótopos pesados que podrán permanecer en el medio ambiente miles de años, sin embargo, en lo que al cesio y a otros radioisótopos se refiere, el verdadero problema es que afectan al plancton, que acaban en el mar, y está claro que durante años, probablemente decenios, las cadenas de alimentos resultarán contaminadas.
¿Qué efectos puede tener sobre la salud comer pescado contaminado por la radiación?
Si pensamos que el plancton está cargado, por ejemplo, de cesio, y que los peces comen plancton, vamos a encontrarnos frente a la llamada biomagnificación, es decir, las sustancias, sean químicas, sean, como en este caso, radiactivas, aparecen en mayor concentración cuanto más grande es el pescado. ¿Y cuál es el problema real? Pues que desde Hiroshima hasta hoy, unos 60 años, incluso los más reputados organismos internacionales para la protección radiológica han seguido evaluando los daños principalmente sobre el viejo modelo de la dosis total de radiación que llega a un individuo, considerando la radiación independientemente de si es una radiación externa, directa, o si es algo que sucede en el interior. ¿Por qué las cadenas de comida son el problema ​​probablemente más subestimado? Porque alguien que ingiere cesio a través de los alimentos lo lleva dentro del cuerpo, lo que es como decir que una aparentemente pequeña fuente radiactiva va dañando desde dentro muchísimas células. Esto es mucho peor, por lo que se refiere a la exposición,que dosis, incluso masivas, de radiación externa de, por ejemplo, rayos gamma o neutrones, porque estos pasan pero no permanecen.
La nube radioactiva ya ha sobrevolado Europa. ¿Pasará igual con el agua? ¿También se contaminarán nuestros mares?
En estos casos siempre es conveniente hablar de modelos. Por ejemplo, hace unos días la Sociedad Francesa de Radioprotección ha mostrado un modelo según el cual la dispersión de yodo 131 ya ha alcanzado con seguridad Europa. Es obvio que en lo que se refiere al mar, los modelos de dispersión son mucho más lentos y la disolución en los océanos debería de alguna manera garantizar una dispersión mucho mayor. Estamos, obviamente, hablando de modelos y es necesario ver -cosa que en la actualidad no se sabe- la cantidad de material radiactivo que se ha liberado, porque la misma Agencia Japonesa de Radioprotección un día habla de mil, otro de un millón, y después lo desmiente y habla de una radiación 100.000 veces superior a lo normal.
Nuestra impresión es que este incidente no acabará aquí. El mayor daño sobre el plancton afecta a esa zona del Pacífico, sí, pero hablar de cadenas alimenticias significa además que, por poner un ejemplo, el atún en lata llega a todo el mundo. Así que, sea como fuere, hay que desear que el daño no sea enorme, pero los riesgos están ahí y es inútil esconderlos. El problema real, del que sabemos poco, es que muchas de estas sustancias radiactivas dejarán marca en las células madre y los gametos. Al marcar los gametos, los daños que veremos a la vuelta de unos años en las poblaciones de adultos en todo el mundo habrá que interpretarlos como algo que aparecerá amplificado en la generación siguiente.
Así que todo sigue estando un poco por evaluar y por ver lo que va pasando, como ha pasado con el accidente de Chernobyl, respecto al cual hemos empezado a detectar millones de personas expuestas, cuando todavía algunos organismos siguen hablando de 1.000 ó 2.000 personas.
¿Cuáles son los daños para las personas expuestas directa o indirectamente?
Esta segunda parte está conectada con la anterior. Si seguimos argumentado con el viejo modelo, lo importante es la dosis total de radiación recibida. Supuestamente, las personas que, de acuerdo con este modelo, sufrirán el mayor daño serán sólo las expuestas a un cierto nivel, a dosis significativas.
Pero, en su lugar, ¿qué es lo que se está evidenciando? Originalmente hemos estudiado Hiroshima y Nagasaki, y también el fall out, las consecuencias para las poblaciones indirectamente expuestas durante los años de guerra fría, en los que se realizaron, como todos sabemos, muchos experimentos en la atmósfera. Después el accidente de Chernobyl, que ha sido seguramente el más grave. Y ha habido también muchos incidentes menores, tal vez ignorados. Y ahora está esta tragedia en curso. Y nos estamos dando cuenta de que, desgraciadamente, por ejemplo en el caso de Chernobyl, algunos contabilizan pocos casos de personas dañadas de forma dramática, porque sólo contemplan a quienes se han visto directamente expuestas -al propio accidente o, simplemente, porque vivían en Bielorrusia y Ucrania-. Sin embargo, según la comunidad científica, desde hace algunos años es cada vez más claro que las verdaderas víctimas de Chernobyl se cuentan por cientos de miles, porque, más allá del cáncer de tiroides en niños, más allá de la leucemia infantil, hay una marea de patologías tumorales y cardiovasculares que se han documentado también en poblaciones distantes.
Dos estudios muy importantes han aparecido en 2007. En ellos, se ha revisado cuidadosamente lo que ha sucedido en países como Grecia o, incluso, Escocia, adonde la nube llegó aparentemente con pequeñas cantidades de sustancias radiactivas. Sin embargo, al persistir el cesio mucho tiempo, la leucemia infantil se ha incrementado en proporción directa con respecto al cesio depositado, que durante meses y años ha estado en la cadena alimentaria. Hasta hace unos años estos casos no se consideraban imputables ​​directamente a Chernobyl, pero ahora sabemos que sí lo son. Algunos estudiosos, especialmente rusos, han publicado en una importante revista de la Academia de Ciencias de Nueva York una nueva evaluación de daños según la cual la gente afectada llegaría al millón. Algo muy diferente de unos pocos cientos o unos miles.
¿Cuál es el destino de los trabajadores que están tratando de reparar la planta de energía en Fukushima?
Una vez más, según el viejo cálculo, se establece que, si hay una exposición masiva, se puede hablar de gray, grandes cantidades de 2-5 o 3-5 grays, se sufren daños irreversibles de médula, prácticamente su destrucción, y, por supuesto, se puede morir en pocos días o en un mes.

Actualmente tenemos la posibilidad de actuar en gran medida sobre quienes se ven obligados a trabajar en estas condiciones, en el sentido de exponerlos a dosis más bajas. Incluso a aquellas personas en las que ya hay daño medular, porque en pocos días ya muestran efectos de la lesión -por ejemplo, inicio de insuficiencia medular, anemia...-, se les hacen transfusiones o, incluso, transplantes de médula. En cualquier caso, los daños reales en muchas de estas personas, miles o, según algunos, decenas de miles tras Chernobil (...), son daños reversibles o irreversibles de la médula espinal. Pero algunos también muestran daños en el sistema nervioso central, que se manifiestan inicialmente como un estado de coma o convulsiones. Y, además, hay daños celulares muy numerosos. Por ejemplo, las células epiteliales, y, por tanto, la piel y, sobre todo, el sistema gastrointestinal, se pueden ver seriamente dañadas. Estas personas directamente expuestas tendrán problemas que se manifestarán en los próximos meses. Es, en fin, muy difícil de cuantificar, pero supongo que esta vez también habrá muchas víctimas sacrificadas en el accidente.

Texto original: Chernobyl 2 publicado en el el portal Cado in piedi el 28/03/2011