28 marzo 2010
23 marzo 2010
01 marzo 2010
Tras las huellas de Isla Calavera
Cuando llega, casi siempre atraído por sus playas, su persistente sol y su clima templado, el turista no suele mostrar el más mínimo interés por los pliegues de la memoria anfibia de Isla Calavera -Paul Bowles decía que el turista no es un viajero, sino un idiota de viaje-. Pero Isla Calavera tuvo un pasado y, si algún visitante muestra interés por él -pienso en los romanos recién llegados a la Turdetania preguntando por el pueblo tartesio-, lo que aflora son las conjeturas, la mitología autocomplaciente y la extrema incultura del nativo poniéndose estupendo ante un tiempo primigenio del que apenas tiene nociones y que, en cualquier caso, es incapaz de valorar.Hubo, pues, aunque sólo perviva en escorzo en algunas cabezas, una edad de la inocencia que hoy queda muy al margen de las guías turísticas. Un tiempo de espacios abiertos y lagunas vivas, de casas encaladas y patios vecinales, y de seres que, junto con el hombre, atestaban la tierra y la marisma cuando el mar escupía peces inmensos. Un tiempo de niños que recorrían las calles y las huertas cavando agujeros buscando agua potable, y de viejos que lijaban en silencio las puntas de sus anzuelos oxidados.
Tiempo de soles despeñados del atardecer hacia poniente hoy rotos por macrohoteles que esperan a ser devastados por las bombas que ponga algún valiente mientras suenan Los Pixies en sus cascos (In sleepy west of the woody east, is a valley full, full of pioneer…). Eléctricos ocasos, contra los que se recortaba la figura encorvada de mi tío a la caza de pulpos y de sepias, mermados hoy hasta la aniquilación por la fuerza imperativa del hormigón y la chorrada. Frágil asiento de líquenes y sueños convertido en sucias avenidas atestadas de coches y cagadas de perro. Ritmo y cadencia de ecos ancestrales apagados por los rugientes coches tuneados de los canis y la insufrible cantinela que escupen los altavoces que el think-tank del ayuntamiento ha tenido a bien repartir por toda la ciudad.
Isla Cristina no aparece, pues, en ningún sitio. Ni siquiera en la Breve guía de lugares imaginarios de Manguel y Guadalupi. Pero está ahí, por todas partes, como epítome de tantos lugares masacrados por ayuntamientos de bajo perfil que han hecho de la idea del progreso continuo un velo para la mediocridad y un disfraz para los oscuros intereses. Ruina sepultada, en definitiva, bajo toneladas de fango y estupidez humana, el viajero tendrá que saber buscarla, porque Isla Crristina fue real como la vida misma. Yo la encontré en la mirada limpia, ajena al futuro incierto de su tiempo, de los niños de la foto. Una vieja foto que encontré en un mercadillo en cuyo envés aparecía escrito A mis abuelitos con todo el cariño de sus nietecitos, I.C. 1965. Aquí dejo constancia de ese dato.10 febrero 2010
A peor (in honorem Vic Chesnutt)
Acabo de regresar. He vuelto. Más de 7 semanas de vacaciones navideñas en mi huida. Escondido en una fría madriguera castellana, a 20 pulsaciones del letargo y a 30 de la muerte, entre alcohol, videojuegos, música y ágapes, toqué con los dedos un suicidio simbólico. El mundo se me había subido a la espalda como una pesada losa cuando el 2009 ya hacía caja. Pero he sobrevivido. A medida que la distancia fue pintándome una realidad menos arisca, el deseo de volver fue haciéndose más persistente. Y aquí estoy. Puede que para regocijo de mis muchísimos lectores, aunque no para el mío, porque es obvio que todo fue puro espejismo, pésima previsión frente al oscuro panorama que ahora encuentro.
Antes de irme, el desplome económico todavía mostraba signos de esperanza en la aldea global -quién oía a los expertos que avisaban de que lo mejor estaba por venir-. Hoy, se abre a nuestro paso un abismo insondable y la caída en picado del Ibex 35 me mantiene en un estado prolongado de vigilia -nadie pregunte por qué-. Donde entonces teníamos a Solbes capitaneando la debacle financiera y a su presidente hecho un Dan Defensor, ciego pero contento, de las causas sociales, tenemos ahora a la pija Salgado y a ZP queriéndonos joder con recortes al derecho de jubilación, al tiempo que leemos que el presidente del BBVA ha recibido ¡¡¡80 millones!!! de euros de pensión tras haber cumplido ¡¡¡65 años!!! Vamos, que me fui viendo a los socialistas cagarse en el socialismo y, a día de hoy, me los encuentro haciendo sus necesidades sobre el obrero mismo.
Como en Eternal sunshine of the spotless mind, 7 semanas y dinero me costó borrar un arsenal de imágenes sangrantes. Sin embargo, si difícil había sido olvidar a ZP, por poner al azar un ejemplo del deporte, babeando ante Nadal tras la victoria en la Copa Davis a la vez que ninguneaba a los demás miembros del equipo -y a quienes consiguió cabrear-, más lo es ahora, en medio de esta crisis, ver a Florentino Pérez prometer un millón de euros a su equipo por ganar la Champions y la Liga o comprobar lo que ganan ciertos deportistas (Gasol se habrá embolsado, ingresos publicitarios aparte, ¡¡¡30.000 millones!!! de pesetas en 2.014 sólo por tratar de meter una pelota en un aro; y lo mismo puede decirse de Cristiano Ronaldo, quien, sólo por colocar de vez en cuando un balón un centímetro más allá de un travesaño, gana ¡¡¡1.500 €!!! la hora los 365 días de 24 horas del año).Incluso el mundo virtual me impelía a poner tierra de por medio. Empezaba a estar hasta el nardo de tanto bloguero empajillao acribillándome sin protección con sus listas de lo mejor del año. Sin embargo, ahora, curiosamente, aparte de con la estúpida lista de Rockdelux,
me topo con un progresivo despoblamiento de la blogosfera que corre paralelo a una palpable y constante migración a Facebook por parte de millones de personas dispuestas, no digo yo que todas, a soltar zafiedades, perogrulladas, incongruencias e intimidades sin ruborizarse lo más mínimo.En cualquier caso, para ser sincero -yo también soy un pajillero exhibicionista-, lo que a mí me empujó en mi huida fue un profundo y reciente desamor, o, más exactamente, una ruptura. Lily Allen, más bonita que ninguna, me había abandonado cuando más la quería, en ese inerme momento en que el amor más que amor es narcolepsis. Yo no me enteraba de nada, pero en su horizonte sólo aparecía, clara, una máxima: o soy una star o no soy nada. Y, amarga casualidad, se había lanzado a una campaña feroz contra los piratas -yo incluido-, y a continuación, de cabreo, había decidido dejar la música. De modo que así y ahí me quedé yo, más solo que la una, a primeros de octubre. Hoy, cuando vuelvo, sin haberla olvidado, su imagen, gorda y desmejorada, luciendo una terrible celulitis, me resulta impactante. En fin... que no sé si alegrarme, la verdad.
Sin embargo, a toda esta verbena tragicómica pone la guinda, cuando me entero con mes y medio de retraso, la muerte de Vic Chesnutt. Tetrapléjico experimentado y entrañable batallador por la legalización de la maría, Chesnutt abandona este mundo como músico inmenso el día de Navidad dejándome con un nudo en la garganta. Se mueren, pues, las personas y se quedan los perros con sus huesos en este puto mundo en el que parecen justificarse, cada vez más, el individualismo, la sinrazón, el radicalismo y la apatía.Hasta el año que viene... O hasta nunca.
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